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Aisén Etcheverry, directora de ANID: “La pandemia nos desafía aún más a romper estereotipos en todo el ciclo de vida»

Marzo 26, 2021 2


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Tanto en el ámbito público como privado, en los últimos 15 años, Aisén Etcheverry ha liderado diversos proyectos nacionales e internacionales en áreas relacionadas con la ciencia, la tecnología y la innovación. En 2019 fue quien estuvo a cargo del proceso de transición de Conicyt a la actual Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), siendo hoy su directora nacional.

En el marco de su participación en el Women Economic Forum, único foro internacional enfocado en la economía de la mujer, la abogada –en entrevista con El Mostrador Braga– abordó la desigualdad de género en las áreas de investigación e innovación científica, las dificultades y limitantes con las que se encuentran las mujeres en el desarrollo de su carrera profesional, junto con los principales desafíos en un contexto de crisis sanitaria. Sobre esto último, comentó que “la pandemia nos desafía aún más a romper estereotipos en todo el ciclo de vida, desde la formación escolar, de pre y posgrado, hasta los diversos campos de inserción laboral; a educar a la población en los roles ejercidos incluso desde el mismo hogar y fomentar la corresponsabilidad en los roles, pues así se contribuye a avanzar en la eliminación de los estereotipos de género. Considero fundamental incorporar la perspectiva de género en la investigación científica e incentivar la investigación en diversas disciplinas, reconociendo las diferencias entre hombres y mujeres”.

-En España se habla del “efecto Matilda” para referirse al fenómeno que invisibiliza a las mujeres en la ciencia y que se sigue repitiendo hasta hoy. En Chile, ¿cuál es la situación actual de las mujeres en el ámbito de la investigación e innovación científica?
-La participación de las mujeres en el mundo de la ciencia sigue patrones similares a lo que ocurre en otros sectores. A nivel de formación, es decir, en los estudios de posgrado, la participación entre hombres y mujeres es prácticamente equivalente. Sin embargo, a medida que las investigadoras avanzan en su carrera, baja su participación en la adjudicación de fondos para investigación. Si revisamos los proyectos de investigación individual (Fondecyt), solo un 30% de quienes se adjudican estos fondos son mujeres y en los centros de investigación, solo un 17% son liderados por mujeres.

Cuando se superan los límites culturales y se toman medidas concretas para equilibrar la participación de género, se alcanzan resultados rápidamente. Un ejemplo de lo anterior es el trabajo desarrollado desde el Sistema de Alta Dirección Pública, mecanismo por el que yo llegué a mi actual cargo, donde se ha logrado una participación de un 30% de mujeres en los cargos directivos, más del doble de la participación femenina en cargos directivos del sector privado. Promover la participación y el equilibrio de género asegura el diseño e implementación de políticas públicas que reconocen la importancia de la diversidad y ofrecen un mejor Estado para nuestros ciudadanos.

Lo anterior es un tema de preocupación para el Ministerio de Ciencia, para la ANID y debiera serlo para cualquier organización a cargo del fomento del desarrollo científico. La participación de mujeres en los distintos ámbitos del quehacer científico no es solo un imperativo de equidad, sino también una forma de generar mejor conocimiento. La diversidad en el desarrollo científico genera mejor ciencia, ciencia que a su vez debiera reflejar a la sociedad en toda su complejidad. Entendiendo la importancia de este tema, ANID prepara un informe anual de participación femenina en fondos de investigación, que permite evaluar las diferencias que se generan en los procesos de postulación y adjudicación, ayudando a dimensionar las brechas que aún persisten. Esta información ha sido parte del diagnóstico impulsado por la Subsecretaria de Ciencia y su comité de género, y ha facilitado generar acciones que se implementan durante el proceso de adjudicación de recursos entregados por la agencia.

Ejemplos de lo anterior son: el aumento del tiempo considerado para demostrar productividad científica para mujeres que han sido madres; la extensión de la duración de becas o proyectos por maternidad, y el desempate en favor del sexo menos representado en cada área o disciplina en procesos concursales, entre otras. Esperamos profundizar en estas medidas al alero de la política de género de la subsecretaría y con el trabajo colaborativo en equidad que venimos desarrollando desde el año pasado con las vicerrectorías de investigación de las universidades.

-¿Cuáles son las principales brechas de género que se deben enfrentar para la inclusión de las mujeres en las ciencias?
-La brecha de género en la ciencia no se limita a la participación de mujeres en los fondos para investigación. También supone valorar e impulsar la incorporación de perspectiva de género en los proyectos de investigación; aumentar la investigación que se hace en materia de género; incrementar la participación de la mujer en disciplinas masculinizadas; aumentar la presencia femenina en posiciones de liderazgo y reconocer también la diversidad en los procesos de evaluación. Esto último compete especialmente a la ANID.

Nuestros procesos de evaluación e instancias de decisión tienen que ser diversas y para ello hemos impulsado fuertemente el liderazgo de mujeres en los grupos de evaluación (hoy equivalen al 50% de quienes integran estos paneles en Fondecyt y Becas) y esperamos avanzar en la misma dirección con nuestros evaluadores. La brecha acá sigue siendo muy amplia: el 38,8% de los evaluadores nacionales de la agencia son mujeres, mientras que en el caso de las evaluadoras internacionales llegamos solo al 22,5%.

-¿Existen instrumentos dedicados a promover el desarrollo científico y tecnológico de las mujeres en particular, tomando en cuenta la brecha existente?
-Incorporar la perspectiva de género ha sido una constante preocupación para la Subsecretaría de Ciencia (de la cual depende ANID). Una de las primeras medidas presentadas fue, precisamente, la hoja de ruta a partir de la cual se guía la construcción de una “Política de Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI)” para el sistema científico, tecnológico y de innovación del país, la que apunta a reducir esta brecha.

Esta hoja de ruta dio lugar a que, en diciembre de 2020, se lanzara una consulta pública sobre la elaboración de la política, junto a una radiografía de género. Todo lo anterior es parte del compromiso institucional asumido desde el Estado, para avanzar hacia un sistema nacional de producción de conocimiento sin sesgos ni discriminaciones de género. Las acciones impulsadas han sido propuestas a partir de espacios de participación y debate que han incluido a la comunidad científica, académica, a la sociedad civil y a otros actores del sector público.

Las medidas buscan disminuir significativamente las brechas de género en la I+D+i, lograr equidad en la asignación de fondos de investigación e incorporar una perspectiva de género en la investigación y desarrollo que realiza el país. Nuestro rol como ANID es contribuir, desde el diagnóstico, a esa política e implementar las medidas que contenga en nuestros instrumentos.

-Hay una discriminación vertical en el mundo laboral, que se traduce en una baja participación de mujeres en cargos directivos (solo el 10%), ¿por qué crees que ocurre y cómo afecta este porcentaje en la mejora de la igualdad de género?
-La baja participación de mujeres en cargos directivos responde principalmente, en mi opinión, a desafíos culturales impuestos por los estereotipos de género. Las mujeres estamos preparadas –y así lo establecen los datos y la literatura– y aportamos de manera sustantiva en la productividad de las empresas, en la eficiencia de las instituciones que dirigimos, además de ejercer liderazgos que muchas veces promueven una mayor diversidad dentro de las instituciones.

Cuando se superan los límites culturales y se toman medidas concretas para equilibrar la participación de género, se alcanzan resultados rápidamente. Un ejemplo de lo anterior es el trabajo desarrollado desde el Sistema de Alta Dirección Pública, mecanismo por el que yo llegué a mi actual cargo, donde se ha logrado una participación de un 30% de mujeres en los cargos directivos, más del doble de la participación femenina en cargos directivos del sector privado. Promover la participación y el equilibrio de género asegura el diseño e implementación de políticas públicas que reconocen la importancia de la diversidad y ofrecen un mejor Estado para nuestros ciudadanos.

-En tu experiencia, ¿consideras que el desarrollo profesional se hace más difícil siendo mujer?, ¿por qué?
-Si miro en retrospectiva lo que ha sido mi carrera profesional –pues partí muy joven a Estados Unidos, sin redes y logré insertarme– y la observo desde el puesto que hoy ocupo, sin duda ha influido ser mujer, pero también me ha pasado la cuenta. Una como mujer debe, en muchas ocasiones, abordar las relaciones de otra manera, esforzarse un poco más en hacer valer los argumentos, validar tu espacio constantemente y eso, puede resultar desafiante y exigente, mejorando tu desempeño como profesional, pero a nivel sistémico no está bien. A eso le sumamos superar las brechas culturales, compatibilizar el cuidado de los hijos, la administración del tiempo y la culpa asociada, elementos aún presentes en mi generación y hacen que muchas mujeres brillantes prefieran no participar, por el costo que implica en sus vidas y eso hace que nos perdamos tremendos talentos. Con mis mellizos de 12 años veo cada día, con mucho orgullo, cómo esos patrones empiezan a diluirse y eso resulta esperanzador.

-¿Tiene importancia la incorporación de una perspectiva de género en el área en que te desempeñas y cómo crees que ello puede ayudar a disminuir la desigualdad y los prejuicios existentes?
-La importancia de la visión de género en el ambiente científico y tecnológico ha sido ampliamente difundida por diferentes actores, desde organismos internacionales como OCDE, BID, UNESCO, el propio mundo científico y agencias de investigación de diversos países, incluyendo ANID. Niñas y niños poseen las mismas capacidades de aprendizaje, sin embargo, desde la educación temprana se refuerzan diferencias culturales que les impiden aprender en igualdad de condiciones, dando así origen a las brechas de género en ciencia y tecnología. El conocimiento y la ciencia tienen que mejorar el bienestar de todos y todas y, en ese sentido, deben ser diversos. Existen numerosos ejemplos sobre cómo las mujeres han estado subrepresentadas no solo como investigadoras, sino como parte de las investigaciones y eso ha traído graves consecuencias. Hay ejemplos claros en el área de la salud donde la exclusión de mujeres como variable en estudios clínicos ha afectado la capacidad de diagnóstico o, incluso, significado el retiro de medicamentos por efectos adversos en mujeres, que no fueron identificados a tiempo.

-¿Qué es para ti el feminismo?
-Un imperativo para el desarrollo de nuestro país.

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