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Chile necesita Gobierno, no performance

Febrero 25, 2021 7


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En su primer año de gobierno, el expresidente peruano Martín Vizcarra se dedicó a viajar por todo su país denostando al Congreso. Valga decir que entonces el Poder Legislativo del Perú se caracterizaba por su supremacía fujimorista y su capacidad para arrinconar al gobierno.

Pero ni el presidente gobernaba ni el Congreso legislaba. Estaban enfrascados en una estéril pugna. Un sabio analista peruano comentó: “Gobernar no es viajar”. Tampoco despotricar todo el día contra el poder legislativo. Digamos de paso que el gobierno de Vizcarra fue tan ineficaz que no ejecutó a plenitud el presupuesto autorizado.

Lo que sucede es que si bien no se gobernó, ni se delinearon, ni menos se aplicaron política públicas, el Gobierno de Vizcarra salía todos los días en la tele y en la prensa, denostando al Congreso. Y la popularidad del presidente, juramentado contra toda corrupción, se mantenía en lo alto. No se gobernaba, pero se manejaba la opinión pública. Gobernar era salir en la tele.

Vale la pena traer esta experiencia lamentable para espejearnos. ¿Pasa algo parecido en Chile?

Veamos, la mayoría de los análisis coinciden que en este año los chilenos enfrentaremos sí o sí cuatro procesos: la pandemia, la crisis económica, las elecciones de noviembre, y el proceso constituyente. Cualquiera sea la coyuntura, este año tendremos estas cuatro constantes.

Estas constantes serán acompañadas de dos variables independientes, que no tienen la lógica de las cuatro anteriores ni su cronograma, pero se harán presentes en todo momento: la inmigración y La Araucanía. Cada una tiene lógicas y tiempos muy diferentes.

Además, estamos en el último año de gobierno, donde la derecha tratará de mantenerse en el poder, impedir una retroexcavadora en la Constituyente y…. distanciarse del Gobierno, porque dada su impopularidad operará como un pesado lastre para Chile Vamos si quiere ganar elecciones. Por más artilugios a los que acuda, la actual administración cumplió su ciclo, ya fue, y su mayor logro sería asegurar la continuidad institucional del país.

El Gobierno, (o el Titanic como lo llaman muchos) quedó afectado en su línea de flotación el 18/O. Su oficialidad original (Chadwick y cía) sucumbió, la de reemplazo también, y lo que queda de la orquesta está abordando los últimos botes. Pero en el puesto de mando creen que pueden dar la vuelta al mundo, pese a que el agua ya ha inundado varias cubiertas.

El plebiscito fue categórico: un 80 % del electorado quiere cambios profundos, pero ordenados. Quiere renovación y también paz. Desbordes lo capta bien. Obvio, nació al sur de la Avenida Matta y conoce el país, probablemente hable inglés con acento, no lo sé, pero no pertenece al club de los elegidos. Elegidos que pareciera se parapetaron en el segundo piso de La Moneda para reemplazar el adelgazamiento del gabinete político.

Si los números son difíciles, si las encuestas no ayudan, y el resultado del plebiscito menos, entonces lo que le queda a La Moneda es tratar de controlar la agenda comunicacional.

Los hechos muestran esta tendencia. Tenemos un grave problema de inmigración, algo que va mas allá de Chile, pero en vez de asumir su complejidad y convocar a todos los países sudamericanos a construir una respuesta común, se opta por el show. Los overoles blancos en la expulsión de un centenar de inmigrados. Expulsión ilegal en su mayoría según nuestros propios tribunales.

En La Araucanía existe un problemón, quién lo va a negar. De múltiples facetas: sociales, económicas, culturales, políticas. La violencia existe, pero sería una falacia asignarla a un solo actor o una sola causa. ¿Cómo ha reaccionado el Gobierno? Tiempo atrás, con bombos y platillos, con una elaborada puesta en escena, se anunció el lanzamiento de los comandos Jungla, los mismos que llegaron hasta el asesinato del comunero Catrillanca. ¿Qué hizo el Gobierno? Muchas cosas, menos autocrítica. En nuestras academias estatales la máxima es que después de toda maniobra siempre debe hacerse una crítica para extraer lecciones aprendidas. Meses después La Moneda anunció la designación de un funcionario como Coordinador de Seguridad, digamos de escasa preparación en seguridad y nulos resultados. Agreguemos que la Conadi en esta administración ha sido incapaz –al igual que Vizcarra– de emplear su presupuesto.

Hoy, el Gobierno convoca al general director de Carabineros, al director general de la PDI y al comandante en jefe del Ejército, más funcionarios civiles. ¿Puede hacerlo? Claro, son todos subordinados al poder político. Pero surgen dudas: ¿por qué no se invitó al Coordinador de Seguridad de la Macro Zona Sur? ¿Por qué no se invitó a los comandantes de la Armada y la Fuerza Aérea? En la declaración posterior –ya la analizaremos– se invoca que los Jefes de Defensa tienen el control de la región. Si así fuese… ¿por qué no se invitó al almirante que está a cargo de la región de La Araucanía? Mientras tanto, los canales muestran morbosamente una y otra vez cómo los experimentados infantes de marina colaboran en la búsqueda de un menor desaparecido. Ojo, todas las instituciones militares y policiales en este caso responden a un puesto de mando a cargo de… Bomberos de Chile.

Pero el problema es peor que la composición de la reunión, al final de ella se realizan pomposos anuncios donde las autoridades, flanqueadas por uniformes, emiten duras advertencias contra “el terrorismo”. De paso se critica al Congreso por no haber aprobado iniciativas del Gobierno, algunas de dudosa eficacia y pertinencia como la llamada protección de infraestructura crítica. ¿Puede la autoridad política involucrar, aunque sea en imagen, a instituciones de la Defensa (que no están para temas de seguridad interior) en críticas a otro poder del Estado? Eso constituye un abuso de poder, que emite la señal de que estaríamos prontos a usar al Ejército al menos en La Araucanía.

¿Puede el Gobierno invocar a las FF. AA en temas de seguridad interior? Sí, pero previa declaración del Estado de Excepción correspondiente del cual debe informar al Congreso. En tal instancia debe explicar sus razones y necesidades. Chile no es una monarquía, el presidencialismo tiene el mando de la fuerza estatal, pero dentro de los márgenes de la Constitución y las leyes. Y en este caso eso está pendiente.

La Moneda sabe todo lo anterior, pero pareciera que al igual que los overoles blancos, lo que importa es la imagen, la foto, dar la impresión de que al regreso de vacaciones se vuelve con energías. Para enviar al ministro del Interior a La Araucanía no es necesario tener de guardaespaldas al Comandante en Jefe del Ejército. Pero para dar la imagen de fuerza, sí. Pero es sólo eso: imagen, lo que a la larga es insuficiente. El expresidente Trump hizo algo parecido, en medio de las multitudinarias protestas por la muerte de un ciudadano afroamericano a manos de un abusador policía, se tomó una fotografía con el Jefe del Estado Mayor Conjunto, flanqueándolo. Éste posteriormente reconoció que había sido “maniobrado” por el poder político. Moraleja: Chile sabe por su historia que los problemas políticos son eso… políticos. No se debe involucrar a las FF. AA en la contingencia, y los estadistas deben ser los más preocupados de ello.

Chile necesita Gobierno y no montajes comunicacionales. El país se pronunció por un nuevo proceso constitucional. El deber de todas las autoridades es el de preservar las mejores condiciones para su éxito. Hay temas urgentes, como la pandemia, y entre todos debemos cuidar que el exitoso proceso de vacunación aterrice conforme el plan de vuelo. Felicitaciones a las autoridades y al personal de la salud pública y a la ciudadanía por su disciplina. Tarjeta roja para los que promuevan o quieran saltarse la fila. Hay temas de largo alcance, como el de los pueblos originarios. Para enfrentarlo, el debate constituyente es el mejor escenario. Cuidémoslo. Cuidemos a Chile, más agenda nacional y menos show. Más institucionalidad inclusiva y menos violencia. Chile se hace grande cuando incorpora el sentir de sus amplias mayorías. Al revés, cuando se piensa en el futuro de la Patria como una operación de marketing, todos perdemos.

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