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Directora de festival de arte SACO, Dagmara Wyskiel: «Hay un apagón cultural como no se ha vivido desde la dictadura»

Enero 14, 2021 4


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La directora del Festival Internacional de Arte Contemporáneo SACO, la polaca Dagmara Wyskiel, tendrá una participación especial en el Congreso Futuro que parte la próxima semana, el principal encuentro de científicos e intelectuales de la temporada.

Wyskiel será parte del panel «Un cambio de perspectiva», a realizarse el mismo lunes 18 de enero, a las 11:15 horas, junto al profesor y economista turco Daron Acemoğlu y Petra Künkel, miembro del Comité Ejecutivo del Club Internacional de Roma.

El panel debatirá sobre «los problemas complejos que aquejan actualmente a la humanidad y la necesidad de unir todos los campos del conocimiento para buscar una salida en conjunto a esta crisis, en favor del bien común», según anuncia Congreso Futuro.

Doctora en Arte de la Universidad de Bellas Artes de Cracovia, Wyskiel además es cofundadora del Colectivo SE VENDE, Plataforma Móvil de Arte Contemporáneo.

La directora de SACO recalcó la necesidad del arte en un contexto de estrés y angustia que ha generado la pandemia: «No podemos quedarnos sólo con las farmacias, los supermercados y los malls abiertos. Los seres humanos también tenemos otras necesidades esenciales (…) La sociedad no resiste más pantalla, más encuentros virtuales. La virtualidad aumenta la brecha. En muchas poblaciones sólo tiene Internet un miembro en la familia, una Internet que a veces no llega a muchos poblados y oasis. Estamos haciendo productos para nosotros mismos, para los que tenemos el lujo de un computador personal, una educación y un hábito de consumir arte, y una muy rápida Internet. Un grupo muy pequeño, el resto necesita que lleguemos hacia ellos con nuestros productos culturales».

La polaca ya ha sido invitada dos veces a Congreso Futuro, entre otros por su trabajo de vincular arte y ciencia, «un campo que desarrollamos mucho en el festival (SACO)», explicó.

Su actual participación se vincula a los «territorios interdisciplinarios y las múltiples conexiones». «Estamos convencidos que los nuevos descubrimientos se van a dar atravesando diversos campos, en nuestro caso a través de arte, abriendo la puerta a nuevas observaciones, nuevas inspiraciones, a nuevas capas de comprensión de nuestro mundo», dijo.

Wyskiel tiene experiencia en este sentido, al haber sido invitada como artista al centro astronómico ALMA, y vincular la astronomía con residencias artísticas en Antofagasta.

Arte contra la depresión

El evento además será un espacio para hablar de su experiencia al frente del festival -que se realiza hace una década en el norte del país- que como todo el mundo cultural, se ha visto duramente golpeado por el confinamiento.

La novena edición de SACO, con ocho exposiciones  (en 2019 fueron 12, con 40 mil visitas entre Antofagasta y San Pedro de Atacama), la mitad de ellas presenciales, ha sido compleja. Hubo que cambiar dos veces las fechas de realización (de julio-agosto a septiembre-octubre y finalmente diciembre), con todo lo que implicaba eso logísticamente en cuanto a los espacios expositivos y la agenda de los artistas, los que -explico- «que mostraron una flexibilidad increíble y un gran compromiso con SACO».

La crisis económica además obligará al evento a pasar de ser anual a bienal. Habrá una edición en 2021, idealmente entre agosto y noviembre y otra en 2023. Asimismo, los años par desde 2022 sólo habrá residencias, investigación, proyectos educativos y editoriales, así como vinculación con la comunidad y la ciencia.

La directora de SACO recalcó la necesidad del arte en un contexto de estrés y angustia que ha generado la pandemia: «No podemos quedarnos sólo con las farmacias, los supermercados y los malls abiertos. Los seres humanos también tenemos otras necesidades esenciales (…) La sociedad no resiste más pantalla, más encuentros virtuales. La virtualidad aumenta la brecha. En muchas poblaciones sólo tiene Internet un miembro en la familia, una Internet que a veces no llega a muchos poblados y oasis. Estamos haciendo productos para nosotros mismos, para los que tenemos el lujo de un computador personal, una educación y un hábito de consumir arte, y una muy rápida Internet. Un grupo muy pequeño, el resto necesita que lleguemos hacia ellos con nuestros productos culturales».

A esto se suma que muchos espacios de exposición cultural como bibliotecas, universidades y centros culturales permanecen cerrados y no se sabe cuando reabrirán, por lo que destacó la necesidad de usar playas, calles, azoteas y otros lugares públicos para ese fin. En ese sentido, instó a realizar encuentros culturales por pequeños que sean, porque «la comunidad lo va a agradecer, no podemos vivir sólo con el comercio».

Apagón cultural

Wyskiel destacó las cuatro exposiciones presenciales de la última edición de SACO como un «verdadero acto de resistencia», incluida la venida de los artistas del exterior para montar sus muestras y la realización de talleres, con el puerto de Antofagasta como uno de los escenarios de la muestra «Ahora o nunca», con todas las medidas sanitarias de rigor. Aún así, cuestionó que se les exigiera un aforo mientras el mall local permanecía a tope.

«Es muy triste, pero es la realidad. El placer de comprar es uno de los pocos que nos queda», criticó, en medio de lo que calificó de «apagón cultural como no se ha vivido desde la dictadura», en una situación que «si no es de guerra, es de absoluta resistencia».

«Muchos espacios de arte visuales, de danza, de teatro, están cerrando, muchos para siempre. Vamos a salir de la pandemia es un Chile más empobrecido en infraestructura y programación cultural, porque el Gobierno ha dado la espalda a quienes alimentamos a los espíritus y llegamos con productos culturales a la comunidad. No se ha comprendido desde el Ministerio de las Culturas la situación de agentes y espacios culturales, ni se ha diseñado políticas culturales para asegurar su sobrevivencia», criticó Wyskiel.

Wyskiel habló de la dificultad para obtener recursos, algo que ya empezó con el estallido social, que desató entre los aportantes privados una reticencia hacia los artistas por su apoyo al movimiento social. «Si no es prioridad para el Ministerio, menos para la empresas privada», lamentó y se declaró afortunada por saber que cuenta con algunos recursos para el futuro, una situación  que otras entidades culturales no tienen.

La directora de SACO señaló que mientras en los fondos públicos hubo un recorte de 10%, entre los privados «se siente una bajada de interés en dar un real respaldo a proyectos culturales», por periodos menores a los previos. «Hay una incomodidad de la clase gobernante, del establishment», concluyó.

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