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Historia desclasificada: la obsesión de la DINA por “Carlos el Chacal”

Febrero 12, 2021 7


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Teseo. Así, aludiendo al héroe de la mitología que fue capaz de internarse por los meandros del laberinto de Creta y dar muerte al Minotauro, el monstruo al que cada año había que entregar en sacrificio la vida de hombres jóvenes griegos, es como fue bautizada una de las unidades más secretas del sistema represivo organizado desde Chile por diversas dictaduras latinoamericanas en los años setenta, el famoso plan “Cóndor”. 

El nombre revela mucho de lo que pensaban los mandamases de dicha organización, incluyendo al director de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el entonces coronel Manuel Contreras, para los cuales la moderna Creta era Francia y el antiguo Teseo ahora eran tres sicarios al servicio de “Cóndor”: un argentino, un uruguayo y un chileno. 

Si bien iban tras los pasos de distintos exiliados y miembros de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) que residían en París, el verdadero “monstruo” de este moderno Teseo multinacional, el trofeo con cuya cabeza esperaban regresar, era otro: Ilich Ramírez Sánchez, el venezolano miembro del Frente Patriótico de Liberación de la Palestina (FPLP), tachado en su época como el terrorista más buscado del mundo y conocido por el apodo periodístico de “Carlos” o “el Chacal”. 

El primer documento estadounidense que confirma todo lo anterior es un informe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, que recién fue desclasificado en 2018 y que confirma la existencia de la unidad “Teseo” y la intención de matar a “El Chacal”.

En efecto, el 07 de octubre de 1977 la Dirección de Operaciones de la CIA envió a sus estaciones (oficinas) en distintas capitales de América Latina un cable secreto, lleno de advertencias acerca de lo “sensible” de su contenido, que indicaba que “Teseo” era “una unidad establecida por ‘Cóndor’, la organización de cooperación de los servicios de inteligencia de América Latina, destinada a efectuar ataques contra blancos subversivos”. Según se explicaba, la base de operaciones de “Teseo” estaba en el Batallón 601 de Inteligencia de Buenos Aires, uno de los principales centros represivos que se conociera en Argentina.

Sin embargo, había un problema al interior de “Cóndor”, pues los paraguayos se negaban a participar de la unidad “Teseo”, ya que “no quieren asociarse con una unidad que emplea tácticas del bajo mundo y opera fuera de las fronteras”.

Ante ello, relata el mismo reporte, en cada encuentro de los representantes de “Cóndor” los argentinos presionaban a los paraguayos para que se unieran a “Teseo” y eso mismo esperaban que sucediera durante la reunión que habría ese mes, en la capital trasandina.

El inicio de Teseo

Siempre de acuerdo con dicho cable, en 1976 el dictador paraguayo, Alfredo Stroessner, se había negado a facilitar personal para dicho fin e incluso dijo que no quería que nada relacionado con “Teseo” se discutiera en las reuniones de “Cóndor” que se efectuaran en Asunción, pues “sólo traería problemas para los servicios y países involucrados”.

Aparentemente con el fin de no herir susceptibilidades ni evidenciar el cálculo de riesgo que obviamente implicaba la creación de esa unidad de asesinos profesionales, “Paraguay le dijo a Argentina que no podía unirse a ‘Teseo’ porque es un país pequeño, joven, con servicios de inteligencia sin experiencia y porque carece de los recursos necesarios”.

Ante ello, la inteligencia argentina ofreció entrenamiento e incluso pagar la cuota de los paraguayos para las operaciones en que éstos decidieran unirse, pero Stroessner siguió negándose.

Y aquí viene lo clave, según precisa el documento: Una unidad de Teseo, compuesta por un argentino, un chileno y un uruguayo fue enviada a Francia a inicios de 1977, en búsqueda de Ilich Ramírez Sánchez, el terrorista internacional conocido como ‘Carlos.

Y el origen de Cóndor

Por cierto, la historia es mucho más larga, pero para entender el origen del plan “Cóndor” y de “Teseo” hay que remontarse al 17 de mayo de 1975. Ese día, según señala la ficha del ciudadano chileno Jorge Isaac Fuentes Alarcón, encontrada en los “Archivos del terror” de Paraguay, éste fue detenido al interior del Hotel España, en el centro de Asunción. Otras informaciones, sin embargo, indican que Fuentes fue aprehendido al interior de un bus en el paso de Itá Enramada (por donde efectivamente ingresó el 16 de mayo), junto al ciudadano argentino Amílcar Santucho. En lo que sí hay concordancia es en que Fuentes usaba un pasaporte a nombre de Ariel Nodarse Ledesma y que además decía ser estudiante de sociología de Costa Rica.

Fuentes y Santucho eran dos presas codiciadas por los servicios represivos del Cono Sur. El primero, exestudiante de Sociología de la Universidad de Concepción, era un alto dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el segundo, hermano del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) argentino, Mario Roberto Santucho. Juntos, estaban trabajando en la consolidación de la “Junta Coordinadora Revolucionaria”, organización en la cual confluían organizaciones de extrema izquierda chilenas, argentinas, uruguayas y bolivianas.

Según los documentos que obran en poder del “Archivo del Terror” (hoy, resguardado por el Poder Judicial paraguayo), Fuentes quedó en manos del Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital, donde fue sometido a brutales interrogatorios, que continuaron en junio, cuando fue traspasado a manos de la Guardia de Seguridad del Ejército, junto con Santucho. 

Según señala Mónica González en CiperChile, “el nombre del venezolano Ilich ‘Carlos’ Ramírez Sánchez aparece entre los documentos incautados en mayo de 1975 a dos dirigentes de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) detenidos en Paraguay por la policía secreta de Alfredo Stroessner: el militante del MIR chileno Jorge ‘Trosko’ Fuentes y el argentino Amilcar Santucho”.

A ese respecto, recuerda González, el periodista estadounidense John Dinges señala en su libro Operación Cóndor que el exagente del FBI Robert Scherrer, quien trabajó en América Latina, le aseguró que había una referencia a Ramírez Sánchez en una libreta que le encontraron a Santucho, junto con una dirección en París. 

Dicha información habría sido traspasada a la inteligencia francesa y ése habría sido el motivo por el cual, el 27 de junio de 1975, tres oficiales de la DST, el servicio secreto francés, llegaron hasta el departamento donde se encontraban Ramírez, en la calle Toullier, del Barrio Latino, junto a una joven. 

Ramírez hizo pasar a los agentes y una vez dentro les disparó, asesinando a dos de ellos, tras lo cual huyó del lugar, iniciándose una enorme cacería en su contra que sólo dio resultados cuando lo detuvieron en Sudán, en 1994.

En efecto, existen tres documentos del “Archivo del Terror” (de 1976 y 1977) que señalan la conexión entre los detenidos en Paraguay y Ramírez. Los tres son análisis acerca de la subversión y en todos ellos se repite textualmente lo siguiente: “el 16 de agosto de 1975, dos jerarcas de la izquierda internacional radicalizada son sorprendidos cuando trataban de ingresar al país con documentación falsa, Amílcar Santucho del E.R.P. e Isaac Fuentes Alarcón, chileno del M.I.R.”

Además, se añadía que “la documentación que se les secuestra demuestra que su estadía en el Paraguay estaba vinculada a la organización del terrorismo y a los grupos de base. Más adelante, se trasladaría(n) a otros países americanos, hasta llegar a París. En París, tienen fijado una dirección para un contacto. Ponemos a conocimiento de las autoridades francesas dicha dirección. Policías franceses allanan, y mueren dos oficiales en manos del famoso terrorista Carlos. La internacionalización de la subversión tiene así un nuevo punto de certificación”.

Hay dos documentos previos que demuestran además que los interrogatorios y las pesquisas en torno a “Carlos” fueron constantes.

El primero, de agosto de 1975, es un oficio en que el Jefe de Inteligencia del Estado Mayor General del Ejército paraguayo, Benito Guanes Serrano, manda al Jefe del Departamento de Investigaciones, Pastor Coronel, por medio del cual le informa que le está remitiendo un regalo que le envía el general argentino Otto Paladino (el jefe de la inteligencia argentina y también miembro de la red Cóndor) y además “el envío por esta jefatura de las fotografías de Ilich Ramírez Sánchez (Carlos)”.

Al año siguiente, el 21 de abril de 1976, Benito Guanes Serrano mandó otro oficio a Pastor Coronel con el propósito “de remitirle adjunto a la presente, antecedentes del ciudadano Ilich Ramirez Sánchez (a) ‘Carlos”.

Por cierto, según señala el prestigioso periodista David Yallop, en To the ends of the earth, entre las múltiples identidades falsas con que Ramírez contaba había dos chilenas: Adolfo Bernal y Carlos Martínez. Para la primera al menos contaba con un pasaporte chileno, el que utilizó para arrendar un departamento en Londres. 

París, siempre París

La vinculación entre todos los revolucionarios latinoamericanos y París estaba ya en la mira desde hacía un buen tiempo. Desde 1974 que muchos miembros del MIR chileno y de otros grupos marxistas latinos se estaban reagrupando en la capital francesa. 

De hecho, Fuentes había pasado una larga temporada allí, lo que refrendó su viuda, Luzmila del Carmen Ortiz, al declarar en la causa judicial en que se investigó en Chile por la desaparición de su esposo. Según explicó, a fines de septiembre de 1973 supo que su marido ya no estaba en Chile y recién en el verano de 1975 tuvo noticias suyas, por medio de cartas que envió a su suegra, pidiendo a su esposa que viajara a reunirse con él en París, lo que ella concretó hacia marzo o abril de ese mismo año. 

Según señaló, luego de estar 15 días en Europa, ella viajó a Cuba y mientras se encontraba allá se enteró de que su esposo había sido detenido en Paraguay junto a Santucho, quien fue liberado en 1978. 

De acuerdo con los documentos paraguayos, Fuentes fue expulsado de Paraguay el 23 de septiembre de 1975. Hoy, por cierto, se sabe que quedó en manos de la DINA chilena y que fue trasladado a Villa Grimaldi, donde lo mantuvieron en condiciones inhumanas durante varios meses, hasta que fue hecho desaparecer.

Dos días después de que “El trosko” fuera entregado por paraguayos, Manuel Contreras envió una elegante esquela a Pastor Coronel. En ella le agradecía “por la cooperación prestada para facilitar las gestiones relativas a la misión que debió cumplir mi personal en la hermana República de Paraguay y estoy muy cierto que esta mutua cooperación continuará en forma siempre creciente para el logro de los objetivos comunes coincidentes entre ambos servicios”.

Ése es el documento que plasma la simiente del plan “Cóndor”, el que comenzó a tomar forma definitiva con una segunda esquela de Contreras, esta vez dirigida al jefe de la policía paraguaya, el general Francisco Brites, la cual está fechada en “octubre de 1975”, en la cual lo invita “a una reunión de trabajo de inteligencia nacional que se realizará en Santiago de Chile, entre los días 25 de noviembre y 01 de diciembre de 1975”. 

La reunión, decía el jefe de la DINA, “tiene carácter de estrictamente secreta” y se esperaba que “pueda ser la base de una excelente coordinación”.

Por cierto, el encuentro se concretó y allí nació la red “Cóndor”, al menos en términos oficiales.

Townley

Manuel Contreras ya estaba obsesionado con la figura de “Carlos El Chacal” desde bastante antes de que la unidad “Teseo” viera la luz, y, en realidad, con numerosas organizaciones terroristas de renombre internacional en los años setenta, como lo explicó ante la justicia italiana el principal sicario de la DINA, Michael Townley, aunque sin duda el punto cúlmine de su búsqueda de Ilich Ramírez se produjo después de las detenciones de Fuentes y Santucho.

En 1995, Michael Townley dijo al fiscal Giovanni Salvi –como lo expone Patricia Mayorga en El cóndor negro– que Contreras se consideraba a sí mismo como “un punto focal o un gran líder de los movimientos antimarxistas” y es por ello que, aparte del MIR, el PC y el PS chilenos, estaba muy atento a las Brigadas Rojas italianas, a los Baader Meinhof alemanes, al IRA y a la ETA. 

Asimismo, recuerda Mayorga, Townley, que en 1975 estuvo varios meses en Europa preparando entre otros delitos el intento de asesinato de Bernardo Leighton, aseveró durante la diligencia judicial que “en cierto sentido yo buscaba a Carlos, el famoso terrorista internacional, con la misma intensidad con que usted me está interrogando”.

Otra constancia que existe acerca de la pertinacia del jefe de la DINA por cazar a Ramírez es la que encontró Mónica González, en el reportaje ya citado. Allí, la periodista acompaña una foto que muestra a Contreras junto con Gerhard Mertins y otros personajes (el exoficial de las SS que traficaba armas con y para Colonia Dignidad) en una reunión realizada en la Embajada de Chile en ese país (cuyo titular era el general de Carabineros en retiro Arturo Yovane). El motivo del viaje era uno solo: ofrecer al Shá de Irán atrapar a Ramírez, a cambio de una fuerte suma de dinero, lo que obviamente no fructificó.

En las entrañas de “Teseo”

El paso final para dar con “Carlos”, entonces, fue la creación de “Teseo”. Otro documento desclasificado en septiembre de 2018 por la CIA detalla que, a fines de mayo de 1976, es decir, un mes después de la fallida oferta al Shá, se efectuó una reunión de la red “Cóndor” en Santiago y que en ella se propuso crear la unidad “Teseo” para “realizar ataques físicos contra miembros de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) y sus simpatizantes en Francia”.

Todos los países asistentes confirmaron su participación, salvo Bolivia, por motivos parecidos a los de Paraguay: falta de fondos, temor a lo que sucedería si la operación quedaba al descubierto y, en este caso, al hecho de que la mayoría de sus opositores se encontraban en Perú.

La citada reunión de “Cóndor” se realizó entre el 31 de mayo y el 02 de junio y en ella se acordó que Chile y Uruguay mandarían agentes de sus servicios represivos a efectuar un curso de entrenamiento de dos meses a Buenos Aires, luego del cual se suponía que estarían un mes (al menos) en Europa.

Un tercer documento de la CIA, desclasificado el 01 de octubre de 2018, relata que finalmente, en septiembre de 1976, los países participantes de “Teseo” firmaron un protocolo, estableciendo cómo funcionaría la unidad. Ésta se encontraba compuesta de una central de Operaciones en “Cóndor 1” (es decir, Buenos Aires), en la cual debía haber “representantes permanentes de cada servicio”, equipos de inteligencia (uno por país), un equipo operativo (compuesto por sicarios de cada uno de los países) y un equipo de reserva (integrado por agentes de todos los países).

A excepción del equipo operativo y la central de operaciones, todos los demás miembros de “Teseo” debían permanecer en sus países respectivos, salvo que les avisaran lo contrario. 

También se determinaba que cada grupo debía poseer un mínimo de cuatro personas, incluyendo una mujer, y que existía un fondo común para las operaciones: 10 mil dólares de la época, el cual debía ser repuesto después de cada operación. Además, los países miembros debían aportar una cuota mensual de 200 dólares. Del fondo inicial, mil dólares se destinaban a vestuario. Además, se establecía que el centro de operaciones, es decir, el batallón 601, debía proveer de armas, municiones, explosivos, documentos, equipo electrónicos y de comunicaciones.

Además de una serie de otros detalles del mismo tipo, el reporte explicaba en lo relativo a la “selección de objetivos” (es decir, las personas a las que asesinarían) “cada representante enviará una propuesta acerca del objetivo de su elección. La selección final del objetivo será por votación, sobre la base de la mayoría simple”.

Gracias al primer documento de la CIA citado en este reportaje, sabemos hoy que “Teseo” llegó a operar formalmente al menos una vez, con la intención de matar a “Carlos El Chacal”. No hay antecedentes acerca de quiénes eran los oficiales que fueron enviados a París ni los reportes oficiales hoy desclasificados arrojan luces acerca de qué falló. 

Sin embargo, quien sí entrega una pista al respecto es el periodista español Florentino Domínguez, quien indica en Las conexiones de ETA en América que hacia 1974 el MIR chileno había instalado una base en París, encabezada por René “Gato” Valenzuela Béjar, el cual –según el autor– estaba al mando de una treintena de miristas. 

Asimismo, detalla que “los servicios secretos de Pinochet habían llegado a enviar a Francia en 1976 a un grupo de agentes chilenos, argentinos y uruguayos”. 

Según Domínguez, el objetivo de ese grupo, que asevera se enmarcaba dentro del plan “Cóndor”, por lo cual es evidente que se trataba de la unidad “Teseo”, era ejecutar a Valenzuela, pero lo más probable es que el verdadero objetivo fuera el que menciona la CIA, es decir, Ramírez. 

Sin embargo, puntualiza Domínguez, los agentes latinoamericanos fueron detectados por la inteligencia francesa y eso terminó frustrando la misión homicida a la cual los habían enviado.

Nota: Este reportaje contó con la valiosa cooperación de Rosa Palau, coordinadora del Museo de la Justicia, Centro de Documentación y Archivo para la defensa de los DD. HH de Paraguay.

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