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Las lecciones que deja el caso Corpesca

Mayo 4, 2021 2


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Recientemente conocimos la sentencia del Tercer Tribunal Oral por el caso Corpesca, donde se condenó a los exparlamentarios, Jaime Orpis y Marta Isasi, por los delitos de cohecho y fraude al fisco, tras recibir millonarias sumas por parte de Corpesca S.A., a cambio de favorecer a la empresa y defender sus intereses. Quien estaba detrás de estas gestiones era el entonces gerente general de la pesquera, Francisco Mujica, quien fue condenado en 2018 por soborno y delitos tributarios, accediendo a una pena remitida y una multa de $60 millones.

Y, a pesar de que lo más llamativo de esta sentencia es que Orpis podría ser el primer político en ir a la cárcel por el financiamiento irregular de la política, vale la pena hacer un zoom en la responsabilidad de Corpesca, más allá de su entonces gerente general.

Corpesca fue condenada por su responsabilidad penal como persona jurídica en el delito de soborno. Si bien fue Francisco Mujica el rostro visible de los delitos, quien sobornó y ejerció su poder desde las sombras para obtener réditos a nombre de la pesquera, estos no se hubieran podido concretar de haber existido un control real en la prevención de delitos por parte de la empresa. Es decir, las conductas del gerente general fueron consecuencia del incumplimiento de Corpesca de los deberes de supervisión y dirección, como lo indicó la jueza en la condena.

Vale la pena insistir en que no basta con cumplir con la ley e implementar programas de compliance si no existe una verdadera convicción de un cambio de cultura en las empresas, el que debe venir desde arriba, desde los directorios. Tampoco basta con sacar las “manzanas podridas” de la organización y no mirarse hacia adentro, porque los casos no se terminan cuando se condena al rostro visible de la corrupción y nos olvidamos de quienes no previeron que esto sucediera. Justamente el compliance busca que las empresas se cuestionen qué están haciendo, para asegurar que hechos como los descritos no ocurran.

Todo esto ocurrió a pesar de que la empresa contaba con un Modelo de Prevención de Delitos aprobado por el directorio, pero que al parecer solo figuraba en el papel, pues incluso se determinó que el encargado de revisar el cumplimiento de este programa, no tenía la autonomía para fiscalizar a Mujica ni tampoco alcance sobre el directorio y el resto de los altos ejecutivos. En efecto, Mujica pudo autorizar más de 80 boletas falsas vinculadas a Orpis que habían sido cuestionadas, demostrando que las órdenes del gerente general se cumplían sin objeción.

Y así como se acreditó que la compañía tenía un débil compromiso con la legalidad y un directorio incapaz de ser supervisado y de supervisar su propio modelo de prevención, se pudo determinar que los delitos imputados fueron ejecutados en interés y provecho de esta.

Ante esto, cabe recordar que el rol de los directorios es trascendental en las organizaciones, no solo en cuanto a dirigir y cumplir con las expectativas del negocio, sino que en promover buenas prácticas, mitigar riesgos y crear una cultura de integridad, donde no todo vale para lograr buenos resultados.

En ese contexto, llama la atención que ante este gran escándalo de corrupción, Corpesca, no haya sido enérgica en condenar públicamente los hechos ni diera a conocer qué medidas estaban tomando para mitigar el daño reputacional, como sí lo hizo la CMPC cuando se conoció la “colusión del confort”, quienes al menos hicieron cambios en su directorio, lo que involucró incluso la salida de su presidente, Eliodoro Matte.

En la misma línea de lo dicho en la sentencia, que puso énfasis en las fallas del directorio en sus deberes de supervisión y dirección, un informe de la comisión de ética de la Sofofa indicó que la empresa aún exhibe brechas en la transparencia de su gobierno corporativo. Por lo mismo, se hubiera esperado que Corpesca realizara cambios en su directorio, pero, por el contrario, aún se mantienen parte de los directores que figuraban en 2013, cuando se destapó el escándalo e, incluso, su actual gerente general, Felipe Zaldívar, fue director en esa época. También resulta cuestionable que Francisco Mujica sea actualmente gerente general de una de las empresas del mismo holding.

Una buena noticia la conocimos hace unos días, justamente por parte de Zaldívar, quien contó que Corpesca no impugnará la condena impuesta por el tribunal y que sus esfuerzos están puestos en una nueva etapa, fortaleciendo su gobernanza y su modelo de prevención de delitos, lo que espero tenga éxito.

Vale la pena insistir en que no basta con cumplir con la ley e implementar programas de compliance si no existe una verdadera convicción de un cambio de cultura en las empresas, el que debe venir desde arriba, desde los directorios. Tampoco basta con sacar las “manzanas podridas” de la organización y no mirarse hacia adentro, porque los casos no se terminan cuando se condena al rostro visible de la corrupción y nos olvidamos de quienes no previeron que esto sucediera. Justamente el compliance busca que las empresas se cuestionen qué están haciendo, para asegurar que hechos como los descritos no ocurran.

Erradicar la corrupción también tiene que ver con señales. Una de ellas, es que los corruptos deben ser aislados y no tratados con guante de seda dependiendo de quien sea, porque la única consecuencia de aquello es que terminamos normalizando conductas que debemos eliminar, y las empresas deben dar el ejemplo.

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