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Los aprendizajes que nos deja la crisis con un vaso medio lleno

Enero 1, 2021 16


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La mirada positiva de ver el vaso medio lleno, hasta para los más optimistas, parece hoy una meta difícil de alcanzar. Este año 2020—y muy probablemente el 2021—quedarán en nuestra memoria como un quiebre en nuestras trayectorias vitales, tanto individuales como colectivas. 

Los costos que tendrá esta etapa se ha vuelto una conversación obligada en todos los ámbitos. En el mundo educativo se ha puesto especial énfasis en los vacíos formativos, tanto en los contenidos como en el desarrollo de habilidades. Considerando los efectos de la distancia, el aislamiento, y las emociones experimentadas durante este periodo, lo socioemocional ha generado un importante foco de preocupación, afectando los espacios sociales y los vínculos de nuestras y nuestros estudiantes.

Sin embargo, aún podemos echar agua al vaso, ya que desde una perspectiva de crecimiento frente a las crisis, también es posible observar el desarrollo de diversas habilidades: la capacidad de adaptación, de creatividad, de apoyo mutuo, comprensión del otro, así como el despertar de un sentido de comunidad. 

 

En las sociedades occidentales pre-pandemia, una de las mayores preocupaciones respecto del desarrollo de niños, niñas y adolescentes era la creciente demanda por lo inmediato, la velocidad de los estímulos, la ausencia de espacios de valoración, de contemplación. Sin ánimo de demonizar la inmediatez (en la cual todos nos vemos inmersos), el resultado parecía ser la incapacidad para tolerar la frustración, buscando lo utilitario, sin ese espacio de espera, de reflexión, de paciencia ante lo que nos desafía.

Probablemente, en las sociedades occidentales pre-pandemia, una de las mayores preocupaciones respecto del desarrollo de niños, niñas y adolescentes era la creciente demanda por lo inmediato, la velocidad de los estímulos, la ausencia de espacios de valoración, de contemplación. Sin ánimo de demonizar la inmediatez (en la cual todos nos vemos inmersos), el resultado parecía ser la incapacidad para tolerar la frustración, buscando lo utilitario, sin ese espacio de espera, de reflexión, de paciencia ante lo que nos desafía. 

Hoy nos vemos imposibilitados de ir así de rápido. No solo por nuestro propio bienestar, sino por el bienestar de otras y otros—cercanos o desconocidos—debemos posponer múltiples deseos: reunirnos con seres queridos, asistir a eventos, incluso movernos libremente; debemos cumplir con una serie de medidas que nos obligan a limitar -o postergar- nuestras demandas y deseos, o simplemente a enfrentarnos a duelos cotidianos que ponen en evidencia nuestra frustración, y nos obligan a ese espacio de reflexión, de tolerancia, y finalmente de sentido. 

Mirar el vaso medio lleno, entonces, es propiciar que este periodo no sea solo un paréntesis en nuestras trayectorias vitales, y especialmente en las de niñas, niños y adolescentes. Desde una perspectiva complementaria, es posible mirar los aprendizajes que podemos capitalizar en este tiempo de crisis, en que tal vez por primera vez en la historia, estamos todos juntos. Aunque parezca que hemos parado, no estamos en pausa, sino por el contrario estamos en un continuo proceso de desarrollo, que nos invita a mirar este vaso con algo más de contenido que vacío. 

 

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