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Nueva Constitución: un Chile ¿unitario, federal o regional?

Enero 30, 2021 5


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Con la inscripción de las candidaturas a constituyente se inició una nueva etapa en el camino para contar con una nueva Constitución. Es el de la discusión y debate sobre los principios, valores e instituciones que los candidatos (a) aspiran a representar. De acuerdo con datos del Observatorio de la Nueva Constitución son 1.191 candidatos y candidatas aceptadas por el SERVEL, agrupados en múltiples listas que buscan respaldo entre los ciudadanos para transformarse en constituyentes.

Una de las ideas que será ampliamente discutida, debatida y demandada, especialmente por los habitantes de regiones, es la que se refiere a la “organización territorial del poder político”. Esta hace alusión a cómo un país distribuye entre los distintos organismos subnacionales el poder político, administrativo y fiscal. En la literatura comparada y en los distintos países del mundo, en torno a esta materia se pueden encontrar a lo menos 3 modelos.

Lo mejor que le puede pasar a la discusión de la organización y distribución territorial del poder político en Chile, es que los constituyentes de regiones -quienes serán más de 2/3 en la constituyente, ya que de regiones habrá 108 de 155- ofrezcan una discusión profunda sobre las implicancias y condicionantes para una fecunda distribución del poder político a escala territorial. Un acuerdo amplio, informado y participativo sobre esta materia, ya sea por un Estado unitario, federal o regional, será el único camino que puede hacer sostenible en la sociedad regional un modelo territorial distinto al que actualmente tenemos.

El clásico modelo unitario centralizado, es aquel que posee un único centro impulsor de poder político y cuenta con un único conjunto de instituciones o reglas del juego para regular la vida social, económica y política del país. Es decir, leyes e instituciones políticas similares se aplican de manera homogénea en todo el territorio. Además, posee una única organización jerárquica de los poderes e instituciones públicas. Este modelo centraliza el poder político y desconcentra o descentraliza funcionalmente la administración del Estado, el caso típico es el de Chile.

Un segundo modelo es el federal, el cual tiene múltiples variantes, pero su característica principal es que su conformación es por entidades territoriales que gozan de autonomía política, fiscal y administrativa, las cuales comparten poderes con el centro político. Es decir, existe más de un impulsor político y más de un conjunto de instituciones que rigen la vida social y económica de un país. El federalismo se sostiene en la idea de lograr la integración o unidad territorial junto con preservar la libertad política de esos territorios, combinando el gobierno compartido en ciertos temas con la autonomía en otras.

Por su parte, un tercer modelo podría ser el regional, el cual se ubicaría entre las características del unitarismo y el federalismo. Habitualmente, este se asocia con el modelo español y también se podría ubicar en esta categoría a Italia. Se trata de un modelo que se basa en un régimen unitario, pero es altamente descentralizado en los ámbitos político y fiscal, que reconoce a las regiones como unidades políticas y que busca, compatibilizar el carácter único e indivisible del país con la autonomía política de las regiones y municipios. Este modelo, por ejemplo, podría otorgar el poder para que las regiones igualmente se reconozcan como entidades políticas multiculturales.

¿Cuál modelo es el más adecuado para Chile? Básicamente la respuesta a esa interrogante depende de tres factores. Primero, las trayectorias institucionales a nivel territorial, es decir, cómo se ha ido construyendo históricamente el poder político y las instituciones fuera de la Región Metropolitana. Segundo, la presencia de sociedades regionales o elite política regional que sean capaces de administrar el poder descentralizado y hacer contrapeso a las instituciones centralistas, la cultura política territorial es esencial para sostener modelos más descentralizados. Y Tercero, el objetivo que se quiera resolver con esta distribución territorial del poder. Chile en este sentido tiene que enfrentar a lo menos, las crecientes desigualdades territoriales, la profundización de la democracia y la pertinencia de políticas públicas territoriales.

Lo mejor que le puede pasar a la discusión de la organización y distribución territorial del poder político en Chile, es que los constituyentes de regiones -quienes serán más de 2/3 en la constituyente, ya que de regiones habrá 108 de 155- ofrezcan una discusión profunda sobre las implicancias y condicionantes para una fecunda distribución del poder político a escala territorial. Un acuerdo amplio, informado y participativo sobre esta materia, ya sea por un Estado unitario, federal o regional, será el único camino que puede hacer sostenible en la sociedad regional un modelo territorial distinto al que actualmente tenemos.

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