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Paulo Selles, profesor y activista: “La escuela debe ser un espejo de la sociedad que soñamos”

Abril 18, 2021 2


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Como periodista, profesión que amplifica la posibilidad de relacionarse con todo tipo de personas, conozco de manera directa a tres que tienen acondroplasia: la antropóloga Patricia May; la trabajadora social Claudia Soto, jefa del programa Súmate a tu Barrio de Antofagasta; y ahora el profesor de educación básica, activista por la discapacidad y candidato a la constituyente por el distrito 10 de Santiago, Pablo Selles (36). Indirectamente, por Game of Thrones, también ubico a Peter Dinklage. 

Cuatro personas en total. 

Pablo Selles, en Hora de Conversar, el programa online del Hogar de Cristo, comentó que las personas con su discapacidad tienden a estar muy relegados, a no toparse con sus pares, por eso fue muy importante para él cuando llegó Angelina a uno de los cursos del colegio de la comuna de La Pintana donde hacía clases hasta el año pasado. La niña, que también tiene acondroplasia, se reconoció en él y él en ella, más cuando Angelina estaba entrando en una etapa complicada, la de las sucesivas intervenciones quirúrgicas que requiere el tratamiento de este trastorno óseo de origen genético. Estadísticamente, la acondroplasia se presenta en uno de cada 25 mil recién nacidos vivos. Es decir, es escasa y evidente.

En ese sentido, otro hito significativo en la vida de Pablo es haberse integrado a la Selección Chilena de Fútbol de Talla Baja. Entrevistado por la revista deportiva Obdulio, dijo: “Hay un antes y un después de la selección porque es el primer momento en el que me empiezo a vincular, después de 33 años, de forma más directa con personas que tienen mi misma condición. El que yo esté acá, hablando de derecho a la inclusión, de la diversidad, de la accesibilidad, es, en parte, por encontrarme en un espacio en donde me siento identificado y comprendido”. 

Integrar ese equipo de fútbol y coincidir como profesor con Angelina fueron determinantes de su actual candidatura para integrar la Asamblea Constituyente e intentar instalar la inclusión de las personas con discapacidad como una cuestión esencial de la nueva Constitución. Sin embargo, al programa “Hora de Conversar” del Hogar de Cristo fue invitado a hablar de exclusión educativa en términos amplios, incluyendo la que padecen las personas con discapacidad en el contexto de la escuela, pero también la que viven los niños y niñas con problemas económicos, familiares, sociales, de rendimiento o conducta, que son también causa de abandono y marginación para muchos niños y adolescentes. No por nada casi 187 mil niñas, niños y jóvenes de extrema vulnerabilidad y pobreza están fuera del sistema escolar y otros 40 mil más abandonaron la escuela a causa de la pandemia el último año. 

-¿Cómo experimentaste la exclusión en la escuela durante tu infancia?

-Debo confesar que yo fui un niño muy afortunado en lo social y en lo personal para lograr superar las barreras que se me presentaban. Me acuerdo de la época en que tenía que usar silla de ruedas y tenía que estar abajo, en el primer piso y no con mi curso, porque el edificio no tenía rampa. Pero la verdadera barrera que uno siente en los procesos de exclusión escolar es que te hacen sentir que tú eres el problema, el que no encaja. La responsabilidad recae en la persona con discapacidad, con problemas complejos; eso explica los resultados de encuestas recientes donde en la autopercepción de los niños en torno a sus derechos la mayoría expresa que la escuela es un espacio de vulneración, donde no se les respeta. Eso, sin duda, afecta los cursos de vida de las personas. Los niños que tienen algún problema del tipo de los que estamos hablando sienten que la responsabilidad es de ellos, no del resto, no de la comunidad, del Estado, de la sociedad. Eso genera un quiebre y se convierte en una barrera infranqueable -reflexiona Pablo. 

Tío, por qué tiene la cabeza tan grande

Es innegable que los niños con discapacidad tienen menos probabilidades de terminar la educación básica, secundaria y superior que los niños sin discapacidad. En todo el mundo, las personas con discapacidad tienen tasas de alfabetización más bajas que las personas sin discapacidad. El nivel de analfabetismo es más elevado en niños con discapacidad visual, trastornos múltiples o mentales en comparación con los niños con discapacidades motoras. Y este es un dato interesante: los estudiantes con discapacidad logran mejores resultados académicos y están mejor integrados socialmente cuando estudian en una escuela regular, lo que revela la importancia de la integración, de la inclusión. Respecto de este punto, el profesor básico y activista afirma: “Una reflexión que siempre hago es que cuando eliminas las barreras de acceso no sólo mejoras la calidad de vida de las personas con discapacidad y otras características de exclusión, sino que la de la comunidad en su conjunto. Hoy me cuesta hablar de derecho a la educación y de democracia si un 20 por ciento de los habitantes de este país están fuera de la educación y el 5 por ciento de los niños con discapacidad no accede a los procesos escolares. Las personas sin discapacidad tienen en promedio 12 años de escolaridad, mientras nosotros sólo 8,6 años en promedio y sólo una de cada diez personas con discapacidad termina la enseñanza superior. Yo siento que sobre mis hombros hay 9 personas que no lograron terminar su trayectoria educativa y no es porque no tuvieran las capacidades, sino porque el sistema no desarrolla ni entrega las facilidades para que lo hagan. Esto se refleja también en la arquitectura que no se adapta. Yo vivo en el Barrio Yungay y las escuelas de ese sector y de todo Santiago Poniente son absolutamente excluyentes y vulneradoras para los niños con discapacidad y esto se ve replicado en toda la ciudad. Hoy el Metro está generando unos torniquetes en la estación Los Héroes que impiden la entrada y salida de las personas con discapacidad. Son barreras que nos impiden integrarnos”. 

-Volvamos al colegio, ¿qué otros elementos generan exclusión?

-El régimen curricular ultra rígido. Ustedes mostraron el caso de Tania que logró integrarse en una escuela Súmate. Ahí mismo decía que en sus escuelas anteriores los profesores no la dejaban ir a recreo mientras no terminara de escribir. La castigaban por su discapacidad, por su ataxia. Cada alumno desde sus cuerpos, desde sus particularidades, puede desarrollar su proceso de aprendizaje exitoso sin ceñirse a un currículum inflexible. Cuando desarrollas inclusión en una comunidad, todos se adecúan al que es distinto, todo fluye bien. Creo que esos elementos hay que ponerlos sobre la mesa en la asamblea constituyente, porque la discapacidad termina siendo igual a pobreza, a exclusión escolar, a discriminación laboral y, en definitiva, a abandono del Estado. 

-¿Qué es a tu juicio lo que mejor refleja la exclusión en Chile?

-Esa clásica pregunta: ¿Dónde estudiaste? ¿De qué colegio eres? Con esa pregunta se identifica el marco valórico, ético, político, hasta qué profesión y deporte le gusta a la persona. Si en Chile los barrios son segregados, las escuelas son un espacio de segregación mucho peor. Hay que terminar con eso. La Ley de Inclusión fue un avance, marca un punto de partida. Es muy importante que los niños, niñas y jóvenes hayan visto a una persona con acondroplasia dándoles clases; eso es un cambio radical. Hay que incorporar en la planta docente a profesores diversos, porque la escuela debe ser un espejo de la sociedad con que soñamos. Una escuela que incorpore diversidad e incluya a niños migrantes, de pueblos indígenas, con discapacidad, con pobreza… ayudan a terminar con las chapas, con las etiquetas que impiden que los niños tengan experiencias educativas fructíferas. 

-¿Cómo reaccionan los niños frente a un profesor con acondroplasia?

-Cuando era niño y llegaba como alumno, todos en el colegio estaban advertidos de que vendría un alumno nuevo especial. Siempre la niñez con discapacidad tiene ese toque de distinción. Yo creo que hay que generar todo para que esa distinción se borre. La idea es que ese niño diferente sea uno más. Como profesor, sé que el primer día tendré a todos los niños de primero y segundo básico rodeándome, mirándome con los ojos como huevos fritos, preguntándome por qué tengo la cabeza tan grande o si eso me hace más inteligente. Después de decirles: “Hola, soy Pablo, tengo acondroplasia, enanismo, pero soy profesor, espero que lo pasemos bien y aprendamos juntos”, la curiosidad baja y todo se vuelve natural. Después en su casa cuentan que llegó un tío que es medio cabezón y ya. Son los adultos, por lo general, los que le ponen una carga simbólica muy exagerada al que es distinto. Los niños y niñas, en cambio, lo aceptan con mucha naturalidad. Los demás docentes son agradecidos porque ven a una persona comprometida y que marca una nueva manera de hacer. Como profesor, siento que soy un actor significativo, que suma elementos más allá del aprendizaje formal, del curriculum. Hay que incorporar a la diversidad de sujetos a la enseñanza. Eso hace que el niño aprenda más y mejor aunque el Simce no lo mida. 

Paulo sostiene que fue la comprensión de “mis vivencias, mis dolores y hasta mis silencios… lo que  me convenció de que era urgente empezar a discutir políticamente de inclusión y discapacidad”. Y por eso hoy está abocado a integrar la asamblea constituyente. “La política pública no ha dado el ancho para incorporar a la niñez en toda su diversidad. La Constitución actual no garantiza el derecho a la educación, sino que promueve la libertad de enseñanza, diciendo que tienes derecho a elegir la escuela. Lo que yo declararía en un nuevo texto es que toda persona tiene derecho a acceder a una educación inclusiva, universal y de calidad que permita el curso exitoso de su trayectoria escolar”, dice Pablo, quien por estos días, como todos los demás candidatos, está en receso por el aplazamiento de las elecciones, pero siempre con la bandera de la inclusión al tope.

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