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Por los «palos» Yasna Provoste arremete en las presidenciales

Mayo 3, 2021 19


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Quedan poco más de seis meses para la elección Presidencial y no existe ninguna certeza sobre quién llegará a La Moneda en marzo de 2022. Por primera vez desde el retorno a la democracia, no hay un(a) favorito(a). Ni siquiera es posible proyectar quiénes serán los que podrían pasar a la segunda vuelta. A estas alturas –en años electorales– siempre supimos que Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera llegarían a La Moneda o al menos estarían en la disputa. 

Hasta ahora, tenemos dieciséis candidatos presidenciales. Algo sorprendente si consideramos que el próximo Gobierno será uno de los más difíciles que enfrentará un(a) Mandatario(a) en los últimos treinta y dos años. Me atrevería a decir que, incluso, más duro que el de Patricio Aylwin, quien condujo la primera parte de la transición con Pinochet de comandante en Jefe del Ejército y, luego, como senador designado. ¿Vocación de servicio público?, ¿de heroína o héroe?, y, por qué no, de masoquista.

En 2022 Chile estará endeudado, los efectos de la crisis económica aún golpearán fuerte, se estará discutiendo la nueva Constitución, con un país polarizado en niveles preocupantes. Y, así todo, el listado es largo. Desde José Antonio Kast hasta Daniel Jadue, pasando por Lavín, Narváez, Muñoz, Jiles, Desbordes, Rincón, Boric, Matthei, Sichel, Maldonado, Briones, Vidal y Díaz. Sume a Bernardo Javalquinto, quien en octubre de 2020 fue el primero en anunciar oficialmente su candidatura. Sin contar a Ossandón e, incluso, el incombustible ME-O.

Hace solo unos seis meses, teníamos a Joaquín Lavín como una de las cartas más seguras a ocupar el sillón presidencial. Hoy, ni siquiera hay certeza de que sea el candidato de la derecha que enfrente la segunda vuelta –tal vez lo único claro es que habrá balotaje–. Por su parte, Jadue corría solo en la izquierda. Actualmente Jiles le quitó el primer lugar y Boric reemplazó a Bea Sánchez que se daba como segura. Claro que en la centroizquierda el panorama no ha cambiado mucho. Nadie corre como aventajado(a), tal vez la única novedad es la irrupción de Paula Narváez. 

Las pocas encuestas que circulan en el país de manera periódica –Criteria, Pulso y Cadem–, coinciden en que nadie sobrepasa el 4 o 6 por ciento cuando se responde espontáneamente por quién votaría la gente. Cuando la pregunta es cerrada –es decir, con nombres sugeridos– los porcentajes suben, pero ninguno(a) llega más allá del 10 o 12 por ciento. En las últimas semanas, el nombre de Pamela Jiles ha tendido a consolidarse en el primer o segundo lugar, pero también con números muy poco concluyentes. Lavín, Matthei –que confirmó que va a la primaria– y Jadue se alternan esos mismos lugares de avanzada. Además, un grupo de al menos cinco precandidatos(as) no logran sumar alrededor de 5% entre todos(as). 

La encuesta CEP –publicada el jueves pasado–, aunque no incluyó intención de voto, dejó en evidencia que la elección presidencial está completamente abierta. La evaluación de los(as) candidatos(as) es encabezada por Pamela Jiles, luego Lavín, Sichel, Desbordes, Matthei, Rincón, Muñoz, Jadue, Narváez, Briones, Kast y Boric. Sin embargo, JA Kast tiene el más alto nivel de rechazo de todos –17% a favor vs. 59% en contra–. En ese ambiente –sin certezas o “líquido”, como dirían algunos sociólogos– emergió la figura de Yasna Provoste de manera insospechada.

En ese mismo ranking de CEP, la parlamentaria entró ocupando el 9° lugar entre todos los personajes políticos del país, ubicándose por sobre seis de los “presidenciables”. Todo esto en apenas un mes en el cargo de presidenta del Senado y de seguro asociado al rol que cumplió, en los días previos, cuando le imploró –dramáticamente– al Mandatario que no presentara un requerimiento al TC. Un acto de liderazgo –con una fuerte cuota de emocionalidad, esa que no tiene Piñera– que impactó a la opinión pública. Todo se vería coronado el día siguiente, cuando concurriría a La Moneda para buscar un pacto con el Gobierno. 

Yasna Provoste ha ocupado todos los cargos imaginables –gobernadora, intendenta, ministra, diputada, senadora–. Es una mujer resiliente, que logró reponerse al golpe de una acusación constitucional y pararse dignamente, volviendo a postular al Congreso. Luce sus antepasados diaguitas con orgullo y está lejos de la elite democratacristiana, esa de los apellidos tradicionales como los Walker o Aylwin. Es una mujer progresista y despierta simpatía en sectores de la centroizquierda. ¿Por qué no entonces Provoste, cuando Ximena Rincón y el resto de la otrora Concertación no logra prender ni a sus partidarios? Será clave el rol que cumpla en las próximas dos semanas en un posible acuerdo, siempre que no caiga en la trampa que le puede poner el oficialismo y que la dupla Jadue-Jiles no le dispare muy fuerte. 

Por supuesto que el hecho de que Ximena Rincón haya sido proclamada después de una elección interna es una realidad. Sin embargo, las malas experiencias de la DC en el pasado –con los paupérrimos resultados obtenidos por sus cartas Orrego y Goic– pueden abrir un espacio de debate dentro de un partido que, hace rato, no tiene un personaje capaz de liderar la oposición moderada, más aún considerando la debilidad de sus socios en estas elecciones. El escenario actual de dispersión y falta de favoritismos claros, además del rápido posicionamiento obtenido por Yasna Provoste, gracias a su cargo de presidenta del Senado, dejan a esta en una posición expectante en una carrera completamente abierta.

Los datos arrojados por CEP, sumados a los sondeos de Criteria, Pulso y Cadem, confirman que esta elección presidencial puede tener un giro insospechado en cualquier momento. Sin ir más lejos, si Ossandón –que tiene capital acumulado desde 2017– se anima, podría dar un golpe en una primaria a seis bandas –Lavín, Matthei, Sichel, Desbordes y Briones– o incluso corriendo en primera vuelta. Algo similar podría pasar con Provoste, quien además cuenta con la ventaja –que Rincón no tiene– de su buena relación con la centroizquierda. En una crisis tan profunda de la política chilena y con este escenario actual, tampoco se podría descartar la irrupción de personajes –estilo Farkas– que patearan el tablero. Hasta un Andrónico Luksic. Claro que eso sucede solo en una novela. 

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