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Reforma previsional: apoyos y trabas inesperados

Marzo 23, 2021 7


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Cuando la resolución de una determinada situación pasa por continuos períodos de largo estancamiento, es quizás la hora de preguntarse a quién o a quiénes favorece ese estado de cosas. Señalo lo anterior a propósito de la tramitación de la Reforma Previsional, plagada de grandilocuentes anuncios, pirotecnia comunicacional de todos los orígenes y, prácticamente, nulos avances concretos.

¿Se sorprendería usted si le dijera que, hoy por hoy, el principal y quizás único impulsor efectivo de una reforma es el Presidente Piñera? ¿Sí? Pues yo también. Veamos.

Podemos identificar tres grupos o actores con capacidad para influir en la materialización de la reforma previsional (o para impedirla): el Gobierno, la oposición (lo que sea que ello signifique) y la industria del sector previsional o AFP. Los principales interesados –es decir, los actuales y futuros pensionados– no tienen capacidad efectiva de influencia como para ser considerados actores.

Dos pruebas de que esa estrategia es la que ha estado aplicando la oposición: una, la exigencia de no transar en la distribución del 6%, lo que da un perfecto argumento para no avanzar; dos, el festival de “ideas” que se han ido lanzando en medio de las negociaciones y que no tiene nada que ver con esta. Por ejemplo, la “idea” de la marraqueta del millón de pesos. Idea antigua, reflotada en el peor momento, porque es un puro distractor. Por otra parte, la intransigencia en exigir que nada del 6% vaya a cuentas individuales ha tenido el indeseable efecto de poner en contra a cotizantes activos con actuales pensionados. El maximalismo suele conducir a nada.

Partamos por la industria. Analizada objetivamente, la situación de las AFP, ocurrido el estallido social, con la pandemia en curso y dos retiros de fondos previsionales ya efectuados, no es tan mala. O más bien –y así seguramente es evaluada– no es tan mala como podría serlo. Así, por ejemplo, nunca ha estado en riesgo la administración de las cotizaciones que hace 40 años manejan. Ese 10% seguirá siendo administrado en condiciones que no variarían. Por otra parte, nunca tuvieron chance efectiva de acceder a la administración de un incremento futuro, aparentemente zanjado en un 6% con cargo a los empleadores. Y riesgo efectivo de cambios mayores a la industria no se visualizan.

Por tanto, una actitud racional –previsora de riesgos mayores a futuro– debería ser permanecer observantes de lo que se negocia, porque la materialización de una reforma quita presión al sistema y permite seguir marchando, solo habiendo recibido un par de abollones. Comparado con los escenarios catastróficos alguna vez tímidamente aparecidos en el horizonte (expropiaciones, nacionalizaciones), es prácticamente nada.

Respecto a lo que se puede entender genéricamente por oposición, el escenario es mucho peor. Peor para los interesados y me refiero a los actuales y futuros pensionados. Hay dos posibilidades: deseos incontrolables de figuración mediática o ingenuidad o infantilismo, como está de moda decir. Profundizo en lo último, porque lo primero es evidente. A partir del plebiscito de octubre se generó una suerte de convicción de que efectuar cambios profundos en el estatus constitucional actual era cosa segura. Pero la percepción ha ido cambiando y hoy en día lo que prevalece es una sensación de incertidumbre. El 80-20 se desdibujó.

Efectivamente, casi un 80% se manifestó por una nueva Constitución. Pero ese resultado nada dice respecto a qué Carta Magna se planifica construir. Una parte importante de la votación por el Apruebo provino de sectores conservadores o moderados, que más bien lo que manifestaron era el deseo de ir a un proceso que terminara con el estado de agitación social, derivado del estallido social. Pragmatismo puro. Lo que le falta a la oposición.

Por otra parte, duro es reconocerlo, la sociedad chilena es, en lo esencial, básicamente conservadora. No debe conducir a engaño el ver grandes manifestaciones pidiendo cambios radicales en materias cruciales como pensiones, educación o salud. A la hora de las decisiones individuales las cosas cambian. Por tanto, si los parlamentarios de oposición que están teniendo injerencia en las negociaciones de la reforma previsional están apostando a esperar tener una gran mayoría en una futura asamblea constituyente, para desde allí impulsar una reforma radical al sistema previsional, han elegido una estrategia absolutamente errónea. Y si quieren postergar la reforma para impedir que esta lleve la rúbrica del actual Mandatario, peor aún. Infantilismo puro.

Dos pruebas de que esa estrategia es la que ha estado aplicando la oposición: una, la exigencia de no transar en la distribución del 6%, lo que da un perfecto argumento para no avanzar; dos, el festival de “ideas” que se han ido lanzando en medio de las negociaciones y que no tiene nada que ver con esta. Por ejemplo, la “idea” de la marraqueta del millón de pesos. Idea antigua, reflotada en el peor momento, porque es un puro distractor. Por otra parte, la intransigencia en exigir que nada del 6% vaya a cuentas individuales ha tenido el indeseable efecto de poner en contra a cotizantes activos con actuales pensionados. El maximalismo suele conducir a nada.

Así las cosas, duro es reconocerlo, el único actor realmente interesado en sacar la reforma previsional es el Ejecutivo, concretamente, el mismo Mandatario. Sí. El Presidente Piñera se está jugando a fondo por sacar adelante la reforma. Sus motivaciones podrán no ser necesariamente el convencimiento absoluto de que el nivel actual de las pensiones es insostenible, o que el sistema creado por el DL 3.500 de 1981 requiere modificaciones profundas, que trascienden los objetivos de la reforma propuesta. Pero tiene claro que se necesita desactivar –a la brevedad– una fuente potencial de generación de una nueva y fuerte movilización pospandemia. Pragmatismo puro, de nuevo.

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