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Sin pymes no hay futuro

Abril 23, 2021 4


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Sebastián Piñera y su Gobierno una y otra vez no se hacen cargo de la crisis que vive Chile, sus familias, las pymes y las mipymes. Insisten majaderamente –contra toda evidencia y a contrapelo de las recomendaciones de los organismos internacionales– en enfrentar esta crisis sistémica inédita que vive la humanidad solo con autoayuda y ahorros privados, endeudamiento bancario solo de quienes poseen garantías que les permitan acceder al sistema formal, y solo ayudando a los más pobres con programas focalizados, segmentados y cautelosamente racionados. Mientras tanto, en la otra cara de la moneda, los apoyos que el Gobierno tramita a las grandes empresas han sido generosos, no focalizados y de aplicación inmediata.

El mayor error que comete el Gobierno, aceptado por una oposición que no ha querido asumir en propiedad su rol de mayoría en el Congreso, es no entender que las pymes son un factor determinante, esencial, para amortiguar la actual crisis y recuperar después el crecimiento. Lo he dicho una y otra vez: es lo que hagamos o dejemos de hacer ahora, lo que marcará el destino de nuestro país en los próximos años. Las acciones para recuperar la economía debemos comenzar a aplicarlas ahora y no esperar que siga derrumbándose el tejido social y económico del país.

Si ambos instrumentos se implementan simultáneamente, el costo agregado del programa será a lo más de 700 millones de dólares, los cuales permitirán defender entre 500 mil y 1 millón de empleos, a un costo que no llegaría ni a la mitad del costo fiscal que tendrá para el país la introducción de una depreciación acelerada de activos intangibles, la cual no está contribuyendo a la reactivación y que, lejos de generar empleo, los está destruyendo y produciendo desempleo tecnológico adicional al ya generado por la pandemia. Existen recursos más que suficientes para aquello.

Si no reaccionamos a tiempo, la economía marchará a un callejón sin salida, puesto que los fondos no reembolsables se agotarán y ya no habrá suficientes empresas que ofrezcan puestos de trabajo, una vez que cese la pandemia.

Existen en Chile 1,3 millones de empresas, pero los programas Fogape solo han cubierto los requerimientos de poco menos de 300 mil mipymes, prestando a cada una de ellas montos menores a un mes de ventas, dándoles créditos de tan corto plazo, que muchas no están hoy en condiciones de pagarlos. La nueva oferta de crédito de mayor plazo llegó de forma muy tardía y no está logrando llegar a las empresas cuya crisis de demanda no se solucionará antes de fin de año. Por eso, no se ha logrado, ni se logrará, llegar con créditos llenos de precondiciones y letra chica a mucho más de 300 mil empresas.

¿Qué hacer entonces?

He conversado con muchas organizaciones de pymes a lo largo del país y me he formado una clara convicción: hay dos tipos de instrumentos que la autoridad debe utilizar urgentemente y que el Congreso debería instalar en pro de un acuerdo: redefinir los mecanismos de acceso al crédito y dar subsidios directos.

La banca ya dio lo que la actual institucionalidad permite. Cambiar esta última tomará mucho tiempo, por ende, si se desea aportar crédito a las empresas pequeñas, debe abandonarse el mecanismo de intermediación bancaria y optar por uno de intermediación crediticia, que opere a través de entidades no reguladas. Corfo debe establecer una línea Fogape para entidades de crédito no reguladas (que no sean leasing ni factoring) que les permita acceder, efectivamente, a garantías cercanas al 90% y que sean provistas de recursos para ser colocados en empresas de menor tamaño. Esos recursos se podrían licitar muy rápidamente a tres o cuatro entidades especializadas, algunas de las cuales poseen amplia experiencia en el sector. Con ello, se podría dar cobertura nacional a un programa de pequeños créditos, con altas garantías, plazos holgados de pago, cobertura nacional y atención eficiente y oportuna, claramente mucho mejor que la que la banca ha aportado.

Con un fondo de no más de 300 millones de dólares, se podría cubrir con créditos cercanos al millón de pesos a cuando menos 300 mil empresas de pequeño y pequeñísimo tamaño, algunas de ellas informales, lo cual generaría empleo para un mínimo de 300 mil personas y un máximo de 600 mil, hasta el momento que la tasa de vacunación permita un despliegue algo más normal de sus actividades.

Segundo, y de manera paralela, a estos nuevos mecanismos de crédito, debe implementarse una línea de subsidios directos, del orden de un millón de pesos por empresa, orientado también a empresas de pequeño y pequeñísimo tamaño, las que hoy están dando una última batalla para sobrevivir y defender sus puestos de trabajo. Si los subsidios se concentran en todas las empresas formales que generan más de un puesto de trabajo y venden menos de veinticinco mil UF anuales, existirían unas 300 mil empresas que podrían ser cubiertas por este programa a un costo levemente inferior a los 400 millones de dólares.

Si ambos instrumentos se implementan simultáneamente, el costo agregado del programa será a lo más de 700 millones de dólares, los cuales permitirán defender entre 500 mil y 1 millón de empleos, a un costo que no llegaría ni a la mitad del costo fiscal que tendrá para el país la introducción de una depreciación acelerada de activos intangibles, la cual no está contribuyendo a la reactivación y que, lejos de generar empleo, los está destruyendo y produciendo desempleo tecnológico adicional al ya generado por la pandemia. Existen recursos más que suficientes para aquello.

Por de pronto, los bajos ritmos de ejecución presupuestaria que muestra el actual Gobierno permitirían asegurar casi automáticamente dicha disponibilidad antes que termine el año. Estamos hablando de recursos que ya están en el Tesoro Público y que fueron autorizados por la Ley de Presupuesto vigente este año, los que no se han gastado y que, al ritmo actual de ejecución, de seguro el Gobierno no utilizará.

No es verdad que no hay recursos. Estos existen. Lo que no hay es voluntad, convicción e imaginación. Chile saldrá de esta crisis más precarizado, pobre, con millones de desempleados y con trabajos informales a un nivel sin precedentes. Debemos actuar ahora, mañana será tarde. Podemos perfectamente redefinir créditos y subsidios en favor de las pymes y mipymes. Hagámoslo ya. Cada día que pasa será más difícil recuperar la paz social, la gobernanza y el bienestar que el país necesita.

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