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Sistema de capitalización individual: ha sido pesado en la balanza y hallado deficiente

Noviembre 27, 2020 6


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En varias columnas anteriores he manifestado en forma clara (creo) y con distintos argumentos, que el sistema de capitalización individual no es la solución al problema demográfico de las pensiones. Fue una buena idea, en el sentido de abordar el problema del saco roto del sistema de reparto y reemplazarlo por un sistema que pretendía autofinanciar la pensión con los aportes del propio afiliado. Pero téngase presente un detallito: fue una buena idea para solucionarle un problema al Estado y no necesariamente para las finanzas de los pensionados.

Pero aún, considerando que lo anterior era un paso necesario, tampoco había que prenderle velitas y adorar a la creatura. Se hicieron implícitamente promesas peligrosas, al efectuar cálculos con supuestos irreales y vender una pomada milagrosa a más no poder. Éramos –para muchos– un digno ejemplo a imitar por el resto del mundo. El sistema de capitalización fue considerado una exportación de lujo, si hasta se llegó a comentar en ciertas tertulias una postulación al Premio Nobel, si mal no recuerdo.

Así las cosas, el sistema de capitalización está en la UTI con respirador mecánico. Pero aun en este estado crítico, la soberbia impide hacer un diagnóstico sincero y desapasionado, porque el tema lamentablemente se abanderizó políticamente y, ahora, ya no se trata de discusiones técnicas –cosa ya difícil, por lo que comentaré más adelante–, sino que el protagonismo lo tiene la disputa entre derecha e izquierda. Y en una disputa de este tipo, todo vale con el fin de ganar.

La única forma de salvar el sistema de capitalización individual es dejarlo como un medio para adicionar un monto extra a una nueva PBS pagada sin ahorro –y esta nueva PBS (o “pensión digna”) se deberá financiar con impuestos, porque la magia no existe–. Las personas deberían tener la libertad de aportar un sugerido 10% (o más si desean), y también la libertad de hacer los retiros que quieran y cuando quieran, con plena conciencia de que, si ahorró poco o retiró todo o parte de la plata ahorrada, tendrá poco que agregar a la PBS, y en el extremo, agregará $0. “¡Libertad, libertad!, mis amigos”. Pero para ello, es necesario que los defensores del modelo dejen su soberbia y acepten que la creatura que adoraban estaba llena de imperfecciones endógenas.

Como gran ironía de la vida, el principal responsable de tener al sistema agonizando ha sido la propia derecha –supuestamente la mano técnica y fuente inspiradora de parte importante de los defensores del modelo–, al no haber moderado las expectativas y no contar el cuento real (o por lo menos completo). No han querido calcular, por ejemplo, el verdadero retorno para el afiliado y deducir las comisiones; prefieren quedarse con el maravilloso UF+8% anual promedio y que las comisiones pasen por el lado. Eso vende, es imbatible y hay que cacarearlo. ¿Qué otro instrumento ha dado semejantes retornos durante 40 años?, preguntan en forma desafiante. Y si sale algún loquito calculando un retorno neto de comisiones, lanzan astutos guarismos para embolinar la perdiz (el que más me gusta, por lo creativo, es la comisión mensual como porcentaje del fondo acumulado, equivalente al alumno que responde cualquier cosa en un examen donde no cacha ).

Con perfil supuestamente técnico, han hecho proyecciones asumiendo retornos esperados; el Equivalente Cierto no existe para ellos. El Banco Central, con sus 40 doctores, no da ninguna alerta; deben estar preocupados por la inflación. No es tema para ser analizado a fondo en el Informe de (In)Estabilidad Financiera.

La derecha tampoco ha querido ver la situación de insolvencia de las compañías de seguros que venden rentas vitalicias, la modalidad preferida de los afiliados a la hora de pensionarse. Están quebradas y permitir su funcionamiento, no hace otra cosa que agravar más el problema. No han dado ninguna alarma. Han callado. Están como en el Titanic. En este punto, la CMF es especialmente culpable con las respuestas que ha dado: le he señalado que el reloj está dando mal la hora, responde que la compra del reloj se ajustó a la normativa vigente y me remiten a la normativa. Y con eso da por cerrado el tema.

Para los defensores del modelo, las bajas pensiones se deben esencialmente a factores exógenos al modelo, porque para que el Mercedes ande, necesita bencina. Y si no anda, no es culpa del auto: el «meche» en sí es un auto de lujo. Por lo tanto –señalan– hay que fortalecer el mercado laboral de tal manera que permita reducir las lagunas previsionales y, con el crecimiento del PIB, mejorar los sueldos… porque la maquinita generadora de rentabilidades está y es de lujo. De esta manera, se obtendrán tasas de reemplazo decentes, acordes con lo prometido.

Eso, por mencionar algunos temas.

Así, la derecha le dejó un gol en bandeja a la izquierda. Un penal sin arquero. No se quejen.

Y el mundo académico brilla por su ausencia. Pareciera metido en competir por quién publica el paper con las ecuaciones más difíciles.

Agregaré tres nuevos ejercicios y, en función de ellos, extraeré algunas conclusiones que estimo relevantes. Como contexto, considere que el ingreso mínimo hoy es $326.500. Como referencia, el 50% de los trabajadores gana un ingreso hasta $401.000 al mes y el ingreso laboral promedio fue $620.528 neto mensual (mediana y promedio para el año 2019, INE). Es decir, un porcentaje importante de los trabajadores gana entre uno y dos sueldos mínimos. Si queremos que el sistema funcione, por lo menos que sea eficaz para ellos.

Y para no desviar el foco, en los ejercicios me olvidaré de las comisiones, a propósito.

Ejercicio 1: Una persona que tuvo ingresos por el sueldo mínimo y cotizó todos los meses –0% de lagunas previsionales– entre mayo 1981 y junio 2020 (39 años, 1 mes) y cuando se crearon los multifondos, se mantuvo en el fondo C. Los resultados serían:

· Rentabilidad anual en 39 años: UF+8,03% anual (esta es la primera cifra con la que los defensores hacen gárgaras).

· La rentabilidad obtenida multiplicó por 3 los aportes del afiliado (segunda gárgara).

· ¿Y cuánto es el fondo acumulado a junio 2020?: UF 873, esto es, $25.066.749.

· Para un hombre de 67 años, que desea pensionarse a los 69 años y espera recibir el sueldo mínimo por dos años más, con cónyuge de 65 años y con $25 millones de fondo acumulado a los 65 años, el simulador de pensiones de la Superintendencia de Pensiones entrega un monto de pensión de $123.459 mensual.

· Para el caso de una persona que siempre ganó el sueldo mínimo y cotizó el 100% de los meses durante 39 años, el monto de la pensión sería un 39% de su último sueldo.

Ejercicio 2: Los mismos supuestos anteriores, pero ahora la persona siempre tuvo ingresos por el doble del sueldo mínimo, es decir, está por sobre el 50% de los trabajadores:

· Rentabilidad anual en 39 años: UF+8,03% anual; y la rentabilidad obtenida multiplicó por 3 los aportes del afiliado.

· El fondo acumulado a junio 2020 sería UF 1.747, esto es, $50.133.497.

· El simulador de pensiones de la Superintendencia de Pensiones entrega un monto de pensión de $243.359 mensual.

· Para el caso de una persona que siempre ganó el doble del sueldo mínimo y cotizó el 100% de los meses durante 39 años, el monto de la pensión sería un 38% de su último sueldo.

Ejercicio 3: Para obtener $100 millones de fondo acumulado, se requeriría que la persona hubiese cotizado por 4 sueldos mínimos durante 39 años, sin ninguna laguna previsional. Cuatro sueldos mínimos hoy son $1.316.000. El año pasado, solo un 14,3% del total de personas ocupadas recibió ingresos mayores a $1 millón. ¿Y de cuánto sería la pensión cotizando 4 sueldos mínimos por 39 años? Respuesta: $483.160.

¿Soluciona el sistema de capitalización individual el problema de las pensiones? La respuesta se la dejo a usted.

La chacota del retiro del primer 10% y ahora del segundo 10% como parte del pan y circo actual, en mi opinión, enreda el tema de fondo. Es obvio que ya con el primer 10% muchas personas quedaron con cero pesos en su cuenta de AFP y, con un segundo 10%, la situación empeora. Tremenda novedad. Pero no nos engañemos. Sin ningún retiro, igual las pensiones iban a ser bajas, muy bajas. Aun si cotizaran el 100% del tiempo durante décadas, no se alcanza a acumular un monto tal que permita obtener una pensión que exceda en forma significativa la Pensión Básica Solidaria (PBS), que de cierta forma está “asegurada”.

Esta realidad de los bajos sueldos genera implícitamente el dilema de la indiferencia: en el extremo, para sueldos bajos, daría lo mismo el monto a ahorrar, porque el resultado será más o menos el mismo: una pensión equivalente a la PBS o un poco más.

¿Se dice eso abiertamente? No.

Si el dilema de la indiferencia está internalizado, genera el dilema del valor presente: si a un afiliado le ofrecen retirar la plata, lo hará sin dudar, porque no tiene costo de oportunidad. Racionalidad económica pura.

Finalmente y para colmo de males para el sistema de capitalización, la próxima reforma al sistema de pensiones tendrá un eje central, a saber, el “derecho a una pensión digna”.

La única forma de salvar el sistema de capitalización individual es dejarlo como un medio para adicionar un monto extra a una nueva PBS pagada sin ahorro –y esta nueva PBS (o “pensión digna”) se deberá financiar con impuestos, porque la magia no existe–. Las personas deberían tener la libertad de aportar un sugerido 10% (o más si desean), y también la libertad de hacer los retiros que quieran y cuando quieran, con plena conciencia de que, si ahorró poco o retiró todo o parte de la plata ahorrada, tendrá poco que agregar a la PBS, y en el extremo, agregará $0. “¡Libertad, libertad!, mis amigos”. Pero para ello, es necesario que los defensores del modelo dejen su soberbia y acepten que la creatura que adoraban estaba llena de imperfecciones endógenas.

Cuentan las Sagradas Escrituras que al rey babilonio Belsasar, mientras estaba en un banquete, se le apareció una escritura en la pared. Tequel: “Has sido pesado en la balanza y hallado deficiente”…

Tequel, sistema de capitalización.

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