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Balance 2020: Fuerzas Armadas, Estados de Excepción, la Defensa y nueva Constitución

Noviembre 27, 2020 5


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Ejército-Aton

Muchas cosas han pasado este año 2020 y ello es algo que aplica particularmente a la Defensa Nacional y las Fuerzas Armadas.

Estamos en la última semana de noviembre, tenemos altos mandos para el 2021 y las instituciones continúan desplegadas a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, incluyendo las islas chilenas en el Pacífico y en la Antártica. Nunca habíamos tenido un periodo de excepción constitucional tan prolongado y tan poco excepcional. Esperamos que el Gobierno tenga novedades pronto y permitamos a las Fuerzas Armadas poder volver a los cuarteles y dar descanso a sus integrantes.

La debacle económica que gatilló el “estallido social” y que después profundizo la pandemia, debiera tener impacto en el alistamiento operacional de los institutos armados, tanto para el año que termina como para el 2021. Debemos tener cuidado en el sentido de no colocar en riesgo la operación segura de aeronaves, buques y el material que opera el Ejército, entre otros.

Es hora de que se publique la política de Defensa, ya que esta es un buen insumo para la discusión constitucional que viene, porque va a ayudar a ordenar las conversaciones y, si es que hay inconformidades y ruido con el resultado final de años de trabajo, es algo normal de todo proceso de cambio, más aún cuando estamos al frente de una política de Defensa definida por el nivel político después de un acabado análisis de lo que es Chile, sus intereses y los posibles problemas que este mundo globalizado, pero no ordenado, nos trae en términos de amenazas tradicionales y no tradicionales, y no la suma de las visiones de las tres instituciones, como era lo tradicional hasta hace muy poco.

En relación con las capacidades militares, no solo es relevante el estado del entrenamiento y mantención del material, sino también es crítico tener los niveles adecuados de dotaciones. En ese sentido, al parecer el último llamado para el Servicio Militar no resultó muy exitoso y ello es algo sobre lo cual hay que colocar atención, ya que nuestro Ejército aún depende en parte no menor del número de conscriptos con los cuales cuenta.

En el pasado, quizás, no nos hubiese preocupado mucho, ya que íbamos camino a un Ejército con cada vez menos conscriptos y más soldados profesionales –sea en la forma clásica o vía soldados de tropa profesional–, pero hoy sí nos afecta si es que se llegara a determinar que se necesita un Ejército más bien con capacidad de cubrir todo el territorio, a objeto de sostener Estados de Excepción o dar soporte logístico y operativo a los esfuerzos que trae consigo la catástrofe sanitaria que provoca el COVID-19.

En ese sentido, saber por qué vienen a la baja los voluntarios para el Servicio Militar es algo que debemos tener claro luego y –quizás dependiendo de la data que se obtenga– realizar los cambios que sean necesarios, ya sea para sostener una cantidad de conscriptos en torno a los 10 mil o, bien, achicarnos y solo operar con soldados profesionales, debiendo ser reestudiado el uso del Ejército para fines de Estado de Excepción, ya que nos quedaremos con Ejército profesional dedicado a sus roles principales y no los que sus capacidades polivalentes le daban hasta tiempos recientes.

Cambiando de frente, desde hace un tiempo que no se conoce de problemas de mal gasto o fraudes. Los casos que conocemos y que puedan salir son del pasado y el presente muestra estar bajo control, pero al parecer hay políticos y académicos que, producto de discusiones sobre el rol de las Fuerzas Armadas en la futura Constitución, insisten en que las instituciones tienen problemas en lo administrativo, en lo ético y en lo que se refiere a comportamientos inadecuados en derechos humanos. Hora de que todos dejemos el pasado en el pasado y entendamos que los institutos armados tienen poco o nada que se les pueda reprochar en los tiempos actuales y que, por ende, no merecen el castigo que se les quiere aplicar por la vía de anularlos o multiplicarlos por cero, como sería el gusto de muchos.

En estas discusiones constitucionales queda claro que las Fuerzas Armadas se conocen poco fuera del ámbito de los especialistas y de los que les interesa el tema. En ese sentido, hay mucho trabajo que realizar en dar a conocer qué hacen las instituciones, sus propósitos, roles y medios humanos y materiales con los que cuentan, ya que de lo contrario no podremos esperar que los constituyentes puedan tratar bien el tema de la Defensa Nacional y de las Fuerzas Armadas en la nueva Constitución. No es menor entender que ellas tienen el monopolio del uso de la fuerza y eso, en sí mismo, basta para hacer que el tema de los institutos armados sea de por sí importante.

Otros de los temas recurrentes que salen en estas conversaciones o en los medios de prensa, son los de las pensiones y el ingreso o postulación única. Ambos temas son importantes, ya que mal tratados o tratados sin entender su importancia, puede ser nefasto. En el caso de las pensiones se debe mirar la compensación total. A los uniformados se les paga un bajo sueldo en comparación con funciones similares o equivalentes de la administración pública y no tienen horas extras, pero tienen, a cambio, una pensión que sí es mejor que la que recibe buena parte de los chilenos, pero, independiente de ello, la suma de todo sigue siendo más baja que la que obtienen los mismos con los cuales se les comparaba antes. Y por último, un dato no menor, sus familias sufren en carne propia las exigencias de la carrera militar y sus integrantes juran dar la vida de llegar a ser necesario. ¿Cuánto vale eso último? Se los dejo para que lo piensen.

El ingreso único es una de esas ideas que se lanzan bajo el pretexto de que las Fuerzas Armadas son clasistas, pero a quienes dicen eso, les recomiendo ver la caracterización de sus miembros y se podrán dar cuenta de que refleja muy bien el Chile de hoy y, para aquellos que no me creen, hagan el trabajo y pidan los datos. Dicho eso, no veo por qué para las Fuerzas Armadas debemos tener exigencias distintas a las que se aplican a las carreras del área de la salud, de la construcción, de los servicios aéreos y así muchos más.

Siempre coloco el ejemplo de los enfermeros y enfermeras vs. los médicos. Que yo sepa, ambas carreras son muy exigentes, pero la última tiene exigencias académicas superiores a la primera y no veo que haya voces que estén pidiendo que todos los profesionales de la salud ingresen a una sola escuela y que, posteriormente, su esfuerzo y capacidades los deriven a distintas funciones. El ingreso único es una mala idea, pero eso no significa que toda persona capaz pueda postular a las escuelas de oficiales y, de no tener la capacidad económica necesaria, deberá ser el Estado quien cubra sus necesidades.

Para ir terminando, es hora de que se publique la política de Defensa, ya que esta es un buen insumo para la discusión constitucional que viene, porque va a ayudar a ordenar las conversaciones y, si es que hay inconformidades y ruido con el resultado final de años de trabajo, es algo normal de todo proceso de cambio, más aún cuando estamos al frente de una política de Defensa definida por el nivel político después de un acabado análisis de lo que es Chile, sus intereses y los posibles problemas que este mundo globalizado, pero no ordenado, nos trae en términos de amenazas tradicionales y no tradicionales, y no la suma de las visiones de las tres instituciones, como era lo tradicional hasta hace muy poco.

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