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Cultura sin Consuelo: la ministra cuya ausencia se convirtió en su modelo de gestión

Noviembre 10, 2020 7


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A un punto de no retorno parecen haber llegado las relaciones entre la ministra de Cultura, Consuelo Valdés, y el gremio de los trabajadores del sector, tras sus declaraciones de la semana pasada. La secretaria de Estado señaló el pasado lunes a CNN que «un peso que se coloque en Cultura es porque se deja de colocar en otro programa o necesidad de los ciudadanos», lo que desató la indignación de diversos sectores que pidieron públicamente su salida.

Y aunque luego en una entrevista con La Tercera quiso arreglar el entuerto, al señalar que el presupuesto de la cartera iba a crecer el próximo año -una afirmación que desde el mundo de la cultura ponen en duda-, el daño ya estaba hecho. Tampoco le favoreció dejar plantada a la Comisión de Cultura en la Cámara de Diputados, tras lo cual el ex presidente de la misma, el diputado Amaro Labra, publicó una columna en El Desconcierto titulada La renuncia de Consuelo Valdés, donde sentenció que su conducción a la cabeza del ministerio es «muy débil».

Valdés ha sido criticada por su gestión en un sector que ha sido especialmente golpeado por el confinamiento, tras la cancelación de espectáculos de música y teatro, el cierre de los cines y las librerías, circunstancias que solo agudizaron la histórica precariedad laboral que impera en el mundo de la cultura en el país.

Las desconfianzas están a tal punto instaladas, que en el mundo de la cultura se ha puesto en duda el anunciado aumento del presupuesto para el sector. «La cifra a la ministra llega, se produce por una estrategia que se replica en varios otros ministerios. Comparan la cifra propuesta para el año 2021, no con la ley aprobada por el Congreso para este año, sino que con el presupuesto de este año que fue recortado, lo que además nos confirma el recorte de este año», advirtió la directora de la OPC. En ese sentido, explicó que «si comparas con una cifra menor por supuesto que te va a dar un porcentaje más alto de crecimiento. Pero además, la cifra se abulta más cuando contabilizan programas que no pasaban por cultura, como algunos programas del CNTV, Conadi y otros. Dicho de otra forma, recursos que el Estado ya destinaba pasarán por el Ministerio de las Culturas para el próximo año».

La situación, de hecho, llevó a la Coordinadora Intersectorial Cultura en Emergencia (CICE) -que reúne más de 30 organizaciones- a retirarse de una mesa en agosto, tras varios meses de infructuoso diálogo, donde muchas veces ni siquiera intervino personalmente, al dejar esa labor en manos del subsecretario, Juan Carlos Silva.

Con este contexto, no son pocos los que se han preguntado este tiempo si efectivamente hay una ministra de Cultura, como dijo el actor Samuel González en la inauguración del Festival Internacional de Cine de Viña del Mar.

«Sus declaraciones dejan en claro que está desvinculada de la realidad, por eso la fuerte reacción de los y las trabajadoras de la cultura. Sentimos que con sus declaraciones está dejando de cumplir la función para la cual fue creado el ministerio», criticó el diputado Labra.

«Yo le aconsejaría a la ministra que aclare la situación o que tome la decisión de renunciar», agregó al recordar que en el Congreso le han ofrecido ayuda para que el presupuesto de su cartera llegue al 1% del presupuesto nacional, casi el triple del actual.

Recortes

Claramente la cultura nunca ha sido una prioridad de la administración de Sebastián Piñera. Por tercer año el Gobierno propone recortar el presupuesto a instituciones culturales y de aprobarse el proyecto de ley de Presupuesto para el 2021, el Estado bajará de un 0,4% del gasto público para cultura a un histórico 0,3%, según ya advirtió el Observatorio de Políticas Culturales (OPC).

«En términos legislativos, son solo se han ingresado dos proyectos de ley (Ley de Patrimonio y una modificación a la Ley del Libro) y los compromisos presidenciales tienen un bajo nivel de cumplimiento, si bien, se debe considerar que el país atraviesa un periodo excepcional, desde antes de la pandemia se visualizaba una agenda de gobierno para cultura poco ambiciosa» señaló la directora de OPC, Bárbara Negrón.

«Además me parece un dato no menor, que por primera vez, al menos desde que estamos monitoreando el tema, un presidente no haya incluido a la cultura en la Cuenta Pública», agregó.

Para el presidente de la Unión Nacional de Artistas (UNA), Mario Rojas, ni siquiera se puede calificar el trabajo de la ministra, «porque su gestión no ha sido visible». Agregó que «no es gratuita la consigna ‘No tenemos ministra’, incluso antes de la crisis social de octubre, en los diálogos que tuvimos como Unión Nacional de Artistas con la ministra, las conversaciones eran siempre cordiales, pero nunca llegaron a nada concreto».

«Para evaluar algo hay que tener al menos una impresión y lo cierto es que en todas las instancias de diálogo con el ministerio, comisiones parlamentarias incluidas, ha sido el subsecretario Juan Carlos Silva quien se ha dejado ver», criticó.

Rojas puso como ejemplo el proyecto de Ley Balmes, sobre propiedad intelectual de la imagen fija. Valdés se comprometió a dar apoyo ministerial a la tramitación del proyecto de ley, pero ni siquiera fue a una de las sesiones de la comisión de Cultura. Una ausencia que ha sido la tónica durante todo su período, recalcó Rojas.

Puso el acento en que las escasas medidas que se han tomado en pro de la cultura durante la crisis sanitaria y económica, han sido gracias a las asociaciones y gremios del sector que han hecho presión, formando la Coordinadora Intersectorial Cultura en Emergencia.

Es cierto que a Valdés le tocó una situación muy difícil por el confinamiento, pero por lo mismo, la crisis económica  que gatilló la pandemia obligaba a la autoridad a ver estrategias sectoriales para velar por cada área de la cultura.

Para Barbara Negrón, la ministra Valdés «efectivamente tiene las mejores intenciones y ha trabajado fuertemente con las herramientas que sabemos desde hace tiempo que son limitadas, pero creo que en el contexto que estamos viviendo ya no es factible quedarse con eso como respuesta. Si la ley no entrega las herramientas necesarias para apoyar al sector, es necesario construirlas de manera urgente».

Para el presidente de la UNA si bien se han dado algunos pasos en apoyo a sectores culturales, como el pago de derechos de películas y libros, «las acciones del ministerio califican más como pequeños pasos que como una política global de apoyo». Rojas explicó que «el mundo de la cultura y las artes es muy amplio y tiene necesidades particulares muy distintas. Para conocerlas, la ministra tendría que dialogar con los representantes de cada disciplina, escucharnos y no lo ha hecho. Incluso cuando le hemos mandado cartas, nos responde su subsecretario».

El diputado Labra piensa igual y destacó que los y las trabajadoras de la cultura tienen la impresión de que Valdés no ha hecho todo lo que está a su alcance para ayudarlos: «No se ha trabajado con el énfasis y la profundidad necesaria. No se ha escuchado a las personas». Relató que «en la comisión estuvimos más de once meses viendo proyectos y la ministra iba a dar su opinión y desaparecía, como si no fuera importante. Hemos sentido eso, que no ha acompañado el proceso en la manera en que consideramos que lo tiene que hacer y que puede hacer mucho más (…) no ha tenido una actitud proactiva».

Sin aumento

Las desconfianzas están a tal punto instaladas, que en el mundo de la cultura se ha puesto en duda el anunciado aumento del presupuesto para el sector. «La cifra a la ministra llega, se produce por una estrategia que se replica en varios otros ministerios. Comparan la cifra propuesta para el año 2021, no con la ley aprobada por el Congreso para este año, sino que con el presupuesto de este año que fue recortado, lo que además nos confirma el recorte de este año», advirtió la directora de la OPC. En ese sentido, explicó que «si comparas con una cifra menor por supuesto que te va a dar un porcentaje más alto de crecimiento. Pero además, la cifra se abulta más cuando contabilizan programas que no pasaban por cultura, como algunos programas del CNTV, Conadi y otros. Dicho de otra forma, recursos que el Estado ya destinaba pasarán por el Ministerio de las Culturas para el próximo año».

Entonces, frente a la pregunta de si el próximo año habrá un 11,2% más recursos para la cultura que este año, la respuesta de Negrón es no.

Labra, en tanto, dijo que los famosos $15 mil millones de pesos del fondo de emergencia recién comenzaron a implementarse, sin que haya claridad sobre la ejecución de algunos planes, una opacidad que también afecta unos recortes que calcula en una cifra similar.

«Es insólito, porque sabemos que esas cifras son engañosas», coincidió el presidente de la UNA, quien recordó que la CICE elaboró un detallado informe con cuatro puntos, donde se explicó a fondo la situación presupuestaria. «El enfoque de este Gobierno está en que la cultura se auto sustente y en esa línea, recorta recursos a lugares y organizaciones que no sabemos si podrán sobrevivir sin esos fondos. Sus dichos en CNN van en esa misma línea, como si la cultura fuera un lujo del que la sociedad pudiera prescindir. Pero la cultura es un derecho humano», criticó Rojas.

Ausencia en Parlamento

A estas alturas, nadie se sorprendió de la última ausencia de la ministra Valdés a la comisión de Cultura, porque ha sido la tónica -afirmó Labra- que su presencia ha sido discontinua: «Ha estado pocas veces y las veces que ha estado, exponen los subsecretarios más que ella (…) la visión que yo tengo es que ella está ausente del trámite más cotidiano de la comisión (de Cultura) y nosotros necesitamos una conexión con la ministra, porque ella tiene el poder, suponemos y ocupa el lugar desde donde se pueden intencionar temas».

Labra insistió en que si bien los subsecretarios hacen su trabajo, la que toma las decisiones finales es Valdés. «Si no es así, nos pasa lo mismo que lo sucedido con los quince mil millones (del fondo de emergencia), en que nos demoramos mucho tiempo en tener información clara y precisa. Pareció una operación de comunicaciones hablar de los quince mil millones y la implementación sabíamos que se estaba demorando. Y nosotros tenemos que tener buena información para poder fiscalizar, construir leyes y representar a las personas de nuestros distritos y el país», recalcó.

«A estas alturas esperamos poco y nada de la ministra. Tras su entrevista a CNN, un número importante de organizaciones culturales pedimos su renuncia inmediata. Muy en su línea, prefirió excusarse de ir a la sesión de la Comisión y al otro día, apareció en una nueva entrevista en La Tercera. Como es su costumbre, se desdijo y aseguró que la cultura sí es importante. La cultura necesita que a la cabeza de la cartera esté alguien más dispuesto a dialogar con el sector que con la prensa», criticó el presidente de la UNA.

Desde la OPC destacaron que en general los agentes culturales y los gremios del sector han sido muy dialogantes con la autoridad y tienden a trabajar muy estrechamente con el ministerio, por lo cual no es habitual este clima que se ha instalado en que se pide la renuncia de la ministra Valdés. «El haber llegado hasta este punto es muy significativo. Es posible que el trabajo del ministerio completo se vea afectado en estas circunstancias», advirtió Negrón.

Para el presidente de la UNA, en cambio, su permanencia solo se explica por el sostén de Piñera: «Yo no cuestionaría la integridad y dignidad de la ministra como ser humano o ciudadana honesta y consciente. Por esa razón tengo la sospecha que hace mucho rato tiene la renuncia bajo el brazo. Sería lo lógico, considerando que representa a un sector que ha expresado de todas las formas posibles que no ejerce su cargo de manera eficiente, dado el período de crisis tan profunda y complejo que le ha tocado enfrentar».

Rojas añadió que «la teoría que más me hace sentido es que La Moneda insiste en mantenerla en su puesto, dado que es útil a los intereses del Ejecutivo, cuyo respeto e interés por el desarrollo de las artes y la cultura es nulo. Creo que ese ministerio es un problema, un cacho, para el Gobierno economicista y demagógico que encabeza Sebastián Piñera».

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