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Primera propuesta constitucional

Noviembre 23, 2020 5


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Ahora, recién y por primera vez en medio siglo, se han creado las condiciones para la unidad nacional. Es primera vez que se manifiesta una voluntad por instituir lo que tenemos en común como base normativa de la convivencia. Esta afirmación ha dejado de ser una expresión de voluntad y ha pasado a ser una traducción bastante obvia de la exigencia que hemos manifestado. El hecho de que ocho de cada diez ciudadanos hayan optado por una Nueva Constitución, establece una base desde la que podemos hablar de ‘nosotros, los chilenos’.

En el plebiscito hubo ganadores pero no hubo perdedores.

La institucionalidad que viene será buena para todos, excepto para la ínfima minoría anti democrática. El hecho de que el 80 por ciento de los votantes haya optado por cambiar la Constitución y por mantener a distancia a los parlamentarios, es manifestación de una voluntad suficientemente elocuente y consistente. Esta voluntad común es lo que permite los acuerdos. No los garantiza pero los permite por primera vez en muchos años.

Ahora sí. No antes sino ahora.

Antes del plebiscito los acuerdos solo podían pensarse en el marco de un sentido común cuya destitución no había sido ratificada. Ahora sí, sabemos que los chilenos comparten un sentido diferente del bien público. Lo común ya no admite la postergación de los grupos vulnerables en función de un modelo que solo ofrece respuestas en el futuro no verificable.

No es necesario ni conveniente esperar a que nos presenten ladrillos terminados por especialistas. Es imprescindible empezar a debatir sobre los puntos angulares en los que vamos a asentar la institucionalidad, los materiales que vamos a usar, el diseño que vamos a levantar y los mecanismos constructivos que vamos a emplear. La tarea por delante es enorme y minuciosa.

Existen múltiples posibilidades de especular sobre eso. Sería legítimo, a la luz de los resultados del plebiscito sacar conclusiones sobre el tipo de democracia que la gente quiere y que el país necesita. No será aventurado decir que la gente quiere más participación política. Tampoco arriesgamos mucho interpretando que la gente no quiere participar en algo ajeno sino en lo propio. (No queremos que nos concedan nada porque todo nos pertenece). Podríamos extender los análisis y llegar a la conclusión de que se ha restablecido la existencia de un pueblo. No ya una suma de votantes sino algo más sólido y más determinado que la ligereza de una ciudadanía votante.

Ahora es el momento de avanzar propuestas.

No es necesario ni conveniente esperar a que nos presenten ladrillos terminados por especialistas. Es imprescindible empezar a debatir sobre los puntos angulares en los que vamos a asentar la institucionalidad, los materiales que vamos a usar, el diseño que vamos a levantar y los mecanismos constructivos que vamos a emplear. La tarea por delante es enorme y minuciosa.

Es bueno que una Constitución contenga una declaración de valores humanistas y democráticos pero no es suficiente. Es bueno que tenga una descripción de los derechos que se siguen como consecuencia de los valores de igualdad y de libertad pero eso no es suficiente. Tenemos que ser capaces de dar forma a los mecanismos que harán viables las promesas y exigibles los derechos.

Es necesario que la Constitución contenga una declaración de amor a las mujeres y una promesa de libertad para los más débiles de la sociedad. Pero ningún texto será suficiente si no modificamos nuestros hábitos políticos y nos hacemos partícipes, no solo de las marchas sino también del trabajo para diseñar y corregir las instituciones políticas.

Una primera propuesta no es la que va primero en el texto.

No es la introducción ni el artículo uno. Lo primero va a ser la presentación del autor, el mandatario, el pueblo diverso que se da una Constitución. Habrá otros textos para describir cosas esenciales, como la cultura de la que emana el texto y que este a su vez contribuye a fortalecer. Valores, derechos y mecanismos legales y políticos para hacer exigibles los buenos deseos constituyentes.

Esta primera propuesta es la piedra sobre la que es posible levantar, ampliar y fortalecer la democracia como sistema político que incluye a todos los chilenos (incluso a los adversarios de la democracia) y que hace real, leal y consistente al sistema político en democracia.

Iniciativa legal plebiscitaria

La primera propuesta es que, lo que hemos hecho en este año sea institucionalizado en la nueva Constitución. Lo primero es que la ciudadanía sea reconocida como actor político principal y directo, más allá o más acá del sistema de elección de representantes. Es necesario establecer la iniciativa legal ciudadana a través de plebiscitos convocados por la propia ciudadanía según una regla acordada en el mismo texto constitucional. La ciudadanía debe tener la potestad de proponer leyes y de revocar autoridades por propia iniciativa y con la sola condición de reunir, por ejemplo, un cinco por ciento de firmas de los electores que participaron en la elección anterior, en la región o en el país.

Esto es esencial para mantener el control ciudadano del sistema político. Es imprescindible para salir de bloqueos institucionales que se arrastran por treinta años. Esta es la piedra angular de una democracia representativa reforzada por una ciudadanía soberana.

Hay diversos complementos envueltos en esta proposición pero basta por ahora el avance complementario de una participación de la ciudadanía en el interior de las instituciones públicas a través de Consejos Consultivos cuyas actas y cuyas opiniones deben ser transparentes.

Puede que ahora sí, a partir de propuestas concretas, se pueda discutir la disyuntiva de enlazar lo público y privado en la ciudadanía y en favor de pensiones mejores, de una salud pública más eficiente y de una economía más dinámica.

 

 

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